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El año más amargo

22 junio 2013

El 24 de mayo de 2009 es una fecha clave en la historia del Newcastle United. Aquella jornada tocaba visitar Villa Park. Allí, cayeron por culpa de un inoportuno autogol de Damien Duff al borde del descanso que no pudieron remontar. No se trataba de un partido cualquiera, ni de una derrota más. Aquel corto pero desfavorable marcador suponía la firma a su sentencia de muerte. Tras dieciséis años de permanencia continuada en la Premier League, perdían la categoría después de una lamentable temporada. Aquel encuentro de Villa Park sirvió como resumen en noventa minutos de lo que había sido una tempestuosa temporada.

Alan Shearer, que tantas alegrías había proporcionado al equipo años atrás, se aferraba a sus opciones de salvación confiando en sus elegidos: Harper, Coloccini, Steven Taylor, Edgar, Duff, Guthrie, Nolan, Butt, Lovenkrands, Viduka y Martins. Durante la primera mitad tuvo cabida la esperanza a través de las diversas oportunidades que se generaron como los diversos lanzamientos desviados de Obafemi Martins o el despeje sobre la línea de Carlos Cuéllar como respuesta al tiro de Mark Viduka. A pesar de que el marcador permanecía intacto, la grada celebraba el gol que Gibson anotaba para el Manchester United y que suponía la derrota del Hull City, con quien los magpies pugnaban por no descender.

Foto:  afunnyoldgame

Foto: afunnyoldgame

Sin embargo, estudiar cinco minutos antes del examen y esperar la ayuda de un tercero no suele tener efecto y así, por mucho empeño que pusieron en los primeros cuarenta y cinco minutos, el Newcastle United veía cómo en el segundo tiempo se esfumaban todas sus ilusiones de remontar el fatídico gol en propia puerta de Duff. De nada servía la entrada de hombres como Owen, José Enrique o Ameobi, el marcador no se volvió a mover. La máxima desesperación cobró protagonismo con la expulsión de David Edgar por doble amarilla en los instantes finales en una acción con Ashley Young. Estaba todo perdido y Alan Shearer hundido.

LA INESTABILIDAD EN EL BANQUILLO ACABÓ AFECTANDO A LOS JUGADORES Y A LOS RESULTADOS

A pesar de la derrota y el descenso, el técnico Kevin Keegan se llevó el cariño de la grada, que valoraba su esfuerzo y sus años de entrega al club. El exdelantero había sido contratado cuando la situación ya era crítica y el rescate era prácticamente imposible. La temporada había comenzado con Keegan en el banquillo pero, tras ocho meses desde su contratación en enero de 2008, decidió abandonar por segunda vez el club por unas discrepancias con la directiva que habían comenzado a fraguarse a finales de la temporada 2008-09. Uno de esos motivos era la falta de apoyo financiero que recibía por parte de los mandatarios para poder realizar los fichajes necesarios que les pudieran meter en el top 4 de la Premier.

Foto: odt.co.nz

Foto: odt.co.nz

Nada más cerrarse el mercado estival, saltaron las alarmas. Se especulaba sobre la posible salida del técnico del club, sin aclararse si era por destitución o abandono. A pesar de que la junta lo había negado, el 4 de septiembre se emitía un comunicado con su renuncia. El esfuerzo de Mike Ashley por suavizar la situación para retenerle fue en vano, él había tomado su decisión. Muchos aficionados consideraban que la culpa de su salida recaía sobre Dennis Wise, que ejercía de Director Deportivo del Newcastle United. El fichaje sin el consentimiento de Keegan de Nacho González, procedente del Valencia, suponía la violación del contrato y otro de los causantes de su descontento.

Los juicios duraron un año más, pero mientras todo eso sucedía la plantilla ya se había formado. Se había enriquecido con el traspaso de los argentinos Jonás Gutiérrez y Fabricio Coloccini, procedentes ambos de dos equipos españoles: Real Mallorca y Deportivo de la Coruña, respectivamente. Ahora, hacía falta un líder que gestionara el vestuario que había adoptado temporalmente Chris Hughton y el elegido era Joe Kinnear. Sus resultados fueron irregulares, aunque con buenas sensaciones en los empates contra Everton y Manchester United o la victoria gracias a los dos goles de Obafemi Martins ante el que sería su verdugo a final de temporada, el Aston Villa.

Foto: zimbio.com

Foto: zimbio.com

La cara opuesta, la de las derrotas como la goleada ante Liverpool propiciaron la llegada de Peter Lovenkrands, Ryan Taylor o Kevin Nolan. Sin embargo, a principios de febrero de 2009, días después de la contratación de Colin Calderwood, Kinnear tuvo que ser hospitalizado de urgencia para que se le realizara un bypass de corazón. Aunque su contrato finalizaba en mayo de ese año, Alan Shearer sería el que le sustituiría hasta final de temporada.

La inestabilidad que se había instaurado en la jerarquía del banquillo se trasladó a los jugadores, quienes no habían dado muestras de implicación con la camiseta como la afición exigía y merecía. Una vez consumado el descenso en Villa Park llegaba el momento de hacer examen de conciencia y de asumir quiénes eran los culpables de dicha caída. Mike Ashley confiaba en un proyecto liderado por Shearer para vivir un año en el infierno tratando de regresar lo antes posible a su sitio. Era vital proporcionar el equilibrio y la solidez que no pudieron gozar esa temporada. Todos los problemas debían acabar ese verano y era necesario limpiar el vestuario de jugadores de alta remuneración que, como Owen, aspiraban a salir del club. Sólo debían quedar las auténticas urracas que estuvieran dispuestas a luchar por alzar el vuelo una vez más. Y lo consiguieron.

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