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Un Sevilla descastado

14 enero 2013

Se va Míchel. Se va por la puerta de atrás un entrenador contratado hace menos de un año tras destituir a su predecesor por la misma razón que a él: los resultados. Se va Michel y atrás quedan las palabras de José María del Nido en su presentación: “Para todos los sevillistas, hoy, Míchel es el mejor del mundo y por eso le vamos a apoyar para que gane los dieciséis partidos que quedan. Cuando no se obtienen resultados positivos el máximo dirigente está preocupado. Pensamos que hay plantel para conseguir los objetivos, para eso hemos traído a Míchel”. Los objetivos nunca se cumplieron, el Sevilla no se clasificó para viajar por Europa y tocaba un verano de reflexión para poner a punto un proyecto que debería devolver al club el brillo de los últimos años. El técnico tenía ante sí la oportunidad de consolidarse como entrenador y ganarse el respaldo de los que siempre han cuestionado sus dotes técnicas para dirigir un equipo.

Michel-durante-rueda-prensa

Míchel recogía el testigo que Marcelino le dejaba. Una plantilla descontrolada a la que había que domar para exprimir su jugo. Nada más llegar apeló a su autoridad dejando fuera de la convocatoria ante la Real Sociedad a Spahic y Medel por una pelea durante el entrenamiento. Disciplina, esfuerzo e implicación eran algunas de las consignas que había que pulir en la plantilla para ir recuperando una identidad que se había esfumado de mano en mano a través de los últimos responsables. Se despidió a Manolo Jiménez porque la grada del Ramón Sánchez Pizjuán y la directiva no le querían. Sin embargo, dejaba al equipo preparado para disputar la final de la Copa del Rey, título que conseguiría Antonio Álvarez así como la clasificación in extremis para la Champions en el último partido de Liga ante el Almería. Desde aquel momento la letra M se convertiría en maldita para los sevillistas. Manzano, Marcelino y Míchel no han conseguido sacar al equipo de la espiral destructiva en la que han entrado sino que la caída podría llevar a suplicar por la permanencia.

Desde el primer momento, Míchel tuvo que lidiar con un sector de la afición que nunca le quiso. Quizás su pasado madridista o la falta de confianza en sus aptitudes le condenaron. Aún así, el inicio de curso daba pie al optimismo pero una habitual compañera de viaje hizo acto de presencia para mermar la consolidación del reto. La lesión de Trochowski de larga duración tambaleaba los cimientos de los esquemas del madrileño, que había conseguido encontrar equilibrio en el centro del campo por el trío formado por el ex del Hamburgo, Rakitic y Medel. Desde entonces, en Liga, se han obtenido los mismos puntos que con él en el campo -11 puntos- pero en el doble de encuentros, 6 partidos vs 13 partidos. Posiblemente, el haber ganado de manera tan contundente al Betis en el derbi sevillano, la victoria ante el Real Madrid en Liga y la clasificación en Copa del Rey han alargado la agonía de Míchel para que el Sevilla evitase hacer un gasto extra en una debilitada economía con su destitución.

La derrota ante el Valencia y la escasez de alternativas para paliar esta situación han colmado la paciencia de la directiva sevillista que ha decidido prescindir de sus servicios en favor de los de otro técnico que devuelva la ilusión al sevillismo. Siempre se dice que cuando un equipo atraviesa una racha tan negativa lo cómodo es cortar la cabeza a uno en lugar de a veinticinco. Es la solución fácil y la más rápida aunque no siempre la que cicatrice las heridas. Lo que le sucede al Sevilla no solo es consecuencia de la posible incapacidad de una persona, sino que se debe a diversos causantes que van desde la salida de piezas vitales difíciles de reemplazar, como Kanouté, la falta de continuidad de determinados jugadores como consecuencia de lesiones ( Rakitic, Trochowski, Perotti,…), la llegada de salvadores que viven de las rentas de un pasado del que ya son un mero espejismo, como es el caso de Reyes, el bajo rendimiento de las adquisiciones mas recientes ( Manu del Moral, Babá, Coke), la falta de implicación con la casa (Campaña) y la inexistencia de un bloque único que reme en el mismo sentido en lugar de mirar por los intereses personales.

Unai_EmeryEl actual Sevilla se compone de remiendos cuyas costuras deben fortalecerse con trabajo duro, esfuerzo, implicación, auto-exigencia y capacidad de autocrítica. Unai Emery ha sido contratado para reemplazar a Míchel y ocupar el banquillo hasta junio de 2014. Seguramente, lo primero que trate de mejorar sea la psicología de la plantilla para devolverles la confianza, la casta y el coraje que eran seña de identidad del club en un pasado reciente. Sobre el terreno, encontrará infinidad de detalles que pulir hasta demostrar que el Sevilla tiene jugadores aptos para jugar a algo llamado fútbol y que atrás quedan las apatías o la impasibilidad ante los malos resultados. Atrás debe quedar los rompecabezas de sus predecesores para encontrar un lateral derecho (Konko, Sergio Sánchez, Martín Cáceres, Coke, Cicinho) que esté a la altura de la dupla que formaban Navas y Alves. La creatividad debe volver al centro del campo una vez encontrada la calma gracias a las incansables labores defensivas de Medel, la buena adaptación de Maduro, la capacidad de crecimiento y versatilidad de Kondogbia y la capacidad de mejoría de Rakitic para rendir como en su primer semestre en el Sevilla. Negredo debe dejar de estar huérfano y encontrar un compañero que ejerza de enganche con el centro del campo para que pueda recibir esos balones que debe transformar en goles. Rabello y Stevanovic deben revolucionar los partidos atascados para hacer creer a la afición hasta el último suspiro. La defensa debe corregir errores infantiles para no caer dos veces en la misma piedra o al menos no hacerlo de manera consecutiva en un mismo partido ( ante el Valencia los dos goles encajados tuvieron un factor común: remate de Soldado tras un córner). Sin duda, si hay un aspecto que corregir con urgencia es la precisión de los centros, disparos, asistencias y pases. Será la única forma de reencontrarse con la efectividad que echan en falta tanto los llamados a golear desde primera línea como los que complementan desde la segunda.

Emery tiene mucho trabajo por delante y es consciente que los resultados deben empezar a aparecer desde el primer partido. Al igual que le sucediera a Míchel, Marcelino o Manzano, no todo depende de él. Todos deben empezar a poner de su parte para que el Sevilla no pase penurias a final de temporada, para esquivar el frío susurro que acompaña a los puestos de descenso y volver a abrazar la gloria que le proporcionó las heroicas noches europeas.

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