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William Meredith, el primer ídolo galés

12 octubre 2012

Resulta complicado unificar en una misma persona a un defensor de los derechos de los futbolistas que fue suspendido año y medio por corrupción y que, siendo galés, lograse triunfar tanto en la liga inglesa como con su selección. Con tal carta de presentación, a la que hay que añadir su pasión desmedida por el fútbol y facilidad para el gol, no es de extrañar que se piense en William Meredith como el protagonista de estas líneas.

Billy llamaba la atención dentro y fuera del campo, llegando a convertirse en ídolo enManchester, pero hasta que eso se produjo tuvo que labrarse a lo largo de los años y con esfuerzo una carrera repleta de éxitos. Todo comenzó en Chirk el 30 de julio de 1874. En Black Park nacía, en el seno de una familia humilde y futbolera, William Meredith. Con tan solo doce años de edad comenzó a trabajar en las minas del pueblo mientras dedicaba su tiempo libre a jugar como amateur en la liga y copa que se disputaban anualmente en la zona. Siendo su referente, tuvo claro que quería seguir los pasos de su hermano mayor, Sam, que tras pasar por el conjunto local fue fichado por el Stoke. Así que Meredith, al cumplir la mayoría de edad, tuvo su puesta de largo en el Chirk, demostrando que su verdadera vocación era ser futbolista y no minero. Su velocidad y habilidad con el balón en los pies y su excelente capacidad para centrarse en el ataque escorado a la derecha implicó que muchos se fijaran en su juego. Su consolidación se produjo al participar íntegramente en la clasificación de su equipo para la final de la liga formada por los clubes reserva de los importantes de Gales y los austeros mineros, The Combination.

Billy Meredith por Gales

Tras dos años en el Northwich Victoria fichó por el Manchester City con el que debutó en noviembre de 1894. El tiempo que había podido jugar en la segunda división de la Football League no le proporcionó buenos recuerdos deportivos pero económicamente le permitió ayudar a su familia a afrontar la complicada situación que atravesaba la minería local. Sin equipo y sin trabajo decidió regresar a su Gales natal sin ser consciente de que su escasa aportación aquellos meses había servido para despertar el interés de importantes clubes ingleses. El Bolton quiso ficharle pero su falta de experiencia y un físico frágil jugaron en su contra por lo que la entidad no se hizo con sus servicios, por fortuna para Billy ya que acabaría siendo contratado por el Manchester City. Las negociaciones no fueron fáciles puesto que el futbolista se dejó querer aludiendo a su cómoda situación familiar y laboral, tras abandonar el Northwich, para que los directivos del club tuvieran que trasladarse expresamente a su localidad para persuadirle. Hasta que no tuvieron el pleno consentimiento de la familia Meredith, el jugador no sucumbió a los encantos de una propuesta que permitía al jugador mantener su actual vida, ser amateur y solo desplazarse a Manchester para disputar los partidos.

En el aspecto plenamente deportivo, jugaba de extremo por ambas bandas indistintamente, pero su registro de goles era el de un delantero centro. Así lo demostró como citizen anotando 149 goles. Aunque se trataba de un equipo en segunda división, este hecho no impidió que fuera titular con la selección de Gales. Desplegaba un juego astuto e inteligente y sus centros eran siempre peligrosos y precisos. Billy tuvo la suerte de estar alineado en el primer derbi de la historia entre los Manchester.

Con el transcurso de los años cambia su contrato a profesional y se convierte en un peso pesado del vestuario que con sus goles propicia el ascenso fugaz del City a la Division One. Tan solo una temporada tardarían en regresar a la categoría anterior sin darse por vencidos y consiguiendo un nuevo ascenso con dos cursos de diferencia. Por aquel entonces, se estaba fraguando la época más dulce en la trayectoria del galés puesto que en 1904 obtiene la FA Cup ante el Bolton, el equipo que no le consideró apto para vestir su camiseta.

Cuando todo le iba como siempre había soñado, dedicando su vida por completo al fútbol, se explotó el escándalo de corrupción en el que estuvo implicado. El motivo fue el soborno a jugadores del Aston Villa para que se dejasen ganar. Las consecuencias para la plantilla y el club no se hicieron esperar: destitución del presidente de manera indefinida, parte de la directiva por siete meses y numerosos jugadores durante año y medio. De esta polémica forma se ponía punto y final a los años de Meredith en el Manchester City.

Sin embargo, este borrón en el currículum del goleador no impidió que siguiera estando en las agendas de los principales clubes ingleses. De hecho, el Manchester United se puso manos a la obra para incorporarlo a sus filas, llegando a poner todos los medios para que la sanción se redujese y pudiera estar de nuevo habilitado para calzarse las botas. En 1906 se produjo la esperada noticia, la condena desapareció y podía ejercer de jugador del United precisamente contra el Aston Villa. Se iniciaba de esta forma otra época plagada de éxitos que le llevaron a conquistar la primera Division One de los Red Devils, título que repetirían en 1910, y la FA Cup. Más de trescientos partidos después y de decenas de goles, había llegado el momento de poner fin a sus años en el Manchester United. Tenía 47 años, había vivido la Primera Guerra Mundial, pero aún no era el momento de colgar las botas. Necesitaba despedirse del fútbol regresando al anterior club, el City, donde definitivamente se retiraría con cincuenta años.

En paralelo a sus actuaciones con los dos Manchester, Billy se enfundó la camiseta de su país siempre que contó con el consentimiento de sus clubes ya que éstos alegaban que se trataba de una selección inferior a la que le costaba encontrar jugadores para presentar un once inicial completo. Además de por sus habilidades, de sus goles y de ser uno de los pocos galeses que triunfaba en Inglaterra, Billy Meredith destacó por numerosas excentricidades que lo hicieron único. La principal de ellas era la que le enemistó con los utileros de sus equipos. Tenía la mala costumbre de jugar masticando tabaco para mejorar su concentración. El inconveniente era que ensuciaba la equipación haciendo excesivamente laboriosa la limpieza en una época con menos medios para poder lavar a fondo la ropa. La solución para evitar descontentar a los que debían encargarse de su uniforme fue cambiar el tabaco por un mondadientes. De ahí que en muchas de las fotos aparezca con palillos en la boca.

De su juventud en las minas y de las revueltas para mejoras las condiciones de los mineros, su salario y seguridad surgió su espíritu sindicalista para aplicarlo al mundo de fútbol, un deporte que hasta la fecha estaba desprovisto de ayudas a los jugadores. Durante el año de suspensión tuvo tiempo para reflexionar. Pensó en la complicada situación económica que atravesaría su amigo Jimmy Ross al retirarse. A pesar de haber sido un jugador destacable de la época los ingresos no fueron suficientes para la vida post-fútbol, ni tampoco recibió una pensión. Como no se trataba del único que acababa viviendo en la miseria, Meredith organizaba partidos benéficos para recaudar dinero para paliar las carencias económicas de otros compañeros.

También existían lagunas con respecto a las lesiones de los futbolistas. Concretamente dos casos enfurecieron al galés. El primero fue que David Jones murió por culpa de un corte en su pierna mientras se disputaba un entrenamiento del equipo. El segundo también fue otro fallecimiento, el de Thomas Blackstock un día después de haber chocado de manera fortuita con un compañero sin que se observaran daños en un primer momento.  En ninguno de los dos casos el club se ocupó de los gastos médicos ni de compensar a la familia con alguna indemnización por las negligencias cometidas. Por este motivo, trató de crear un gremio de futbolistas que intercediese por sus derechos. Ayudado de Charlie Roberts pudo ver la luz la Players Union ( Professional Footballers Association) que se encargaría de quitar el techo salarial de cuatro libras esterlinas a la semana, la exigencia de una pensión para los que se retiren y asistencia médica asumida por los clubes. La lucha fue complicada puesto que supuso numeroso de atención, amenazas, castigos y sanciones que tuvieron como respuesta huelgas por parte de Billy Meredith. Finalmente, tras numerosas negociaciones, se reconocería de manera legal la Football Association.

 A los 83 años se apagaba la vida de William Meredith en Manchester y pasaba a ocupar una fosa anónima. No vivió para ver la solidificación de aquello que le había quitado el sueño pero, tres años después de su muerte, desaparecía el límite salarial, de manera definitiva, por el que tanto había luchado. En 2001 los dos equipos de Manchester, la AFP y la AFG, acordaron hacerle una lápida a modo de merecido reconocimiento y un busto. La grandeza de este peculiar jugador va más allá del fútbol. Fue un visionario y el “culpable” de que hoy día sus compañeros puedan manejar las astronómicas cifras que mueven sus fichajes y sus sueldos.

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