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Cronología del fútbol: 1939, el fútbol tras la Guerra Civil

30 septiembre 2012

1939 es uno de esos años que se marcan en el calendario a color para no olvidar que la Guerra Civil que asolaba España desde 1936 había llegado a su fin. Una vez finalizado el calvario, era de vital importancia regresar a la normalidad cuanto antes y para ello había que hacerlo en todos los ámbitos posibles. Unos tardarían años en encontrarla, otros tendrían que ser una pieza indispensable para la reconstrucción del país debido a su repercusión social. Por este motivo, la actividad deportiva debía regularse con inmediatez, sobre todo el fútbol. Había que comenzar por el principio y lo más básico para ir creciendo era comprobar el estado de los campos para que estuvieran en perfecto estado para la práctica de este deporte. Los estadios emplazados en la zona controlada por los nacionales no tenían desperfectos por encontrarse lejos del frente. De hecho, durante 1938 habían sido usados para acoger amistosos que ayudaban económicamente a pagar los gastos internos. Mientras que Atocha y San Mamés solo precisaron leves reformas, Mestalla o Sarriá, por ejemplo, habían sido empleados para almacenar material bélico. Peor suerte tuvieron en Madrid puesto que Chamartín había perdido parte de la tribuna, Vallecas se sostenía como podía y el resto presentaba graves desperfectos. Tanto el Ejército como los socios, de manera gratuita, se pusieron manos a la obra para que recuperaran el aspecto anterior a los bombardeos.

Fútbol en la Guerra Civil

Una vez remodelados los estadios, le tocaba el turno al ámbito estructural en el que tanto laFEF, cuyo Comité se constituyó el 25 de julio, como los clubes debían asumir las reformas internas que permitieran normalizar las competiciones. Entre las decisiones tomadas aquel día destacan la eliminación de los campeonatos mancomunados desde 1934, el regreso al sistema anterior de campeonatos regionales que supuestamente frenaban el crecimiento de los equipos y la desaparición de los derechos de los jugadores como futbolistas profesionales. Concretamente, este último punto llevó a que cada uno fuera estudiado de manera individual de modo que si existía algún atisbo de cercanía al bando republicano serían castigados de forma estricta. Las consecuencias fueron fulminantes puesto que muchos jugadores decidieron hacer las maletas o bien retirarse después de tres años de poca actividad física. Sin jugadores maduros y experimentados los equipos quedaron a expensas de lo que sus canteras les ofrecían. De esta forma, se preparaba la disputa del primer campeonato nacional post-guerra, el de 1939-40, que sin muchas figuras habituales del fútbol español logró llenar las gradas de espectadores ansiosos de ver fútbol.

Finalmente, a nivel de competiciones quedaba predispuesta la organización de los Campeonatos de Liga y Generalísimo. El fútbol debía ser uno de los medios para suavizar la situación política del país por lo que se fomentó en todas aquellas zonas que habían sido excesivamente castigadas. Primero se disputaron los Campeonatos Regionales con aproximadamente setenta clubes desde septiembre a noviembre como aperitivo a la Liga. En paralelo se iban perfilando las bases ligueras así como el calendario tanto para la Primera División como para la Segunda cuyo inicio sería el 3 de diciembre de 1939 y concluiría el 28 de abril de 1940. Cabe mencionar que la plaza del Oviedo en Primera quedaba vacante ya que su estadio, Buenavista, no estaba terminado puesto que estaba bastante deteriorado por las bombas y requería de mucho esfuerzo su remodelación. Así que pidió una moratoria que le permitía recuperar su plaza en la temporada siguiente mientras que el ganador delAthletic-Aviación Club y el Atlético Osasuna sería su sustituto. Según lo estipulado, al finalizar la temporada los que ocupasen las posiciones 11º y 12º deberían descender siendo sus plazas ocupadas por el Oviedo y el campeón de Segunda. La promoción la jugarían el décimo de primera con el subcampeón de segunda.

Una vez que echó el balón a rodar, el fútbol fue acaparando la atención e instaurándose como un elemento más en la reconstrucción de un país que estaba roto. Fuera de nuestras fronteras aparecían nombres propios se hacían un hueco en el fútbol internacional.Guillermo Stábile colgaba sus botas como jugador en 1939 en el Estrella Roja 93. Atrás dejaba su memorable Mundial de 1930 en el que se había convertido en el primer pichichi en la historia de la competición. Un campeonato al que no había estado llamado a ir salvo porque acudió en calidad de suplente porque Roberto Cherro se lesionó en el debut deArgentina contra Francia. Aquel año, también en Buenos Aires, nacía el peculiar Carlos Bilardo. Futbolista, entrenador y ginecólogo, aunque por lo que se le recuerda es por particular visión de juego como técnico que en nuestro país pudo comprobar el Sevilla FC.Aún hoy día, a Alberto Ormaetxea no se le da el reconocimiento que debiera tener a pesar de haber llevado a la Real Sociedad a ganar la Liga. Con la sombra de su exagerado carácter defensivo en sus esquemas de juego ganó 157 partidos de los 324 oficiales que dirigió e instauró el récord de 32 jornadas imbatido. Siempre con la humildad y la sencillez que le caracterizaba, llevó a la Real a la semifinales de la Copa de Europa y a ganar la Supercopa al Real Madrid. Como suele pasar cuando no se valora lo que se tiene, había quien creía que sin Ormaetxea en el banquillo podrían llegar más lejos y sacar mayor rendimiento a la plantilla. El tiempo le daría la razón y por si se olvida, junto a Anoeta se encuentra una escultura del 25 aniversario de su logro en Gijón, cuando la Real entró en la historia de los grandes.

Aunque en 1939 nacieron otros futbolistas de renombre como Amancio o Jarbas Faustinho Cané, también fue la fecha en la que Matthias Sindelar, único futbolista anterior a la Segunda Guerra Mundial que según las encuestas debía incluirse entre los 25 mejores jugadores de la historia del fútbol, nació. Su trágica biografía y las causas que rodearon su muerte lo convierten en una de las figuras más representativas de la época. Fue el eje del Wunderteam de Hugo Meisl, la selección austríaca que desde 1931 hasta el Mundial de 1934 ganó 19 de los 29 partidos jugados, perdiendo solo tres. Entonces el fútbol centroeuropeo era el más fuerte del continente y no precisamente por Alemania sino por otras potencias como la checa o la húngara. Su supuesta debilidad física con la que era recordado a pesar de medir 1,75 metros con más de setenta kilos le proporcionó el sobrenombre de “el hombre de papel”, aunque también se cree que era una forma de explicar que se introducía con el balón en los pies entre sus adversarios como si de una hoja de papel movida por el viento se tratase.

Su mayor virtud era su regate, el mismo que para muchos era su principal flaqueza. Por un lado era visto como un jugador de excepcionales cualidades entre las que se encontraban la habilidad, técnica, capacidad de organización del juego y facilidad goleadora. Genialidades que se convertían en su talón de Aquiles cuando solo miraban hacia él. Ese egoísmo le llevó a protagonizar numerosas anécdotas como cuando ante Italia en 1932 quien narraba el partido describió uno de sus dos goles de la siguiente forma: “tras un saque de esquina, un compañero se la pasó de cabeza. Sindelar, también de cabeza, le hizo un sombrero a un italiano, la dejó caer, la elevó y de nuevo con la cabeza metió el gol.” Quizás el exceso de ornamentación sacara de quicio a los entrenadores pero es indudable que el Mozart del fútbol ha sido uno de los mejores jugadores que ha dado Austria aunque no debutase con su selección hasta los veintitrés años (1926) convirtiéndose en titular cinco años después.

Sindelar era pobre y judío, una mala combinación para la época. A los catorce años quedó huérfano de padre. Los ahorros que su progenitor había conseguido como albañil unidos al salario de su madre como lavandera eran insuficientes para mantener a su familia, por lo que tuvo que ponerse a trabajar primero como cerrajero y posteriormente como dependiente en una tienda de deportes. Desde pequeño había jugado al fútbol en las calles del suburbio de Favoriten en Viena y cuando tuvo la oportunidad de ganarse la vida con él lo hizo en clubes de la capital austríaca como el Hertha o en el Austria –equipos de los judíos de clase media-. La situación política de su país influyó decisivamente en su carrera ya que él había renunciado a integrar la selección alemana cuando Hitler se anexionó con Austria. Lo cierto es que hacía ya seis meses que Sindelar no era convocado por su selección y en los tres últimos partidos en que sí estuvo no fue alineado. Sin embargo, Sepp Herberger trató de convencerle para que regresara como jugador por Alemania. Nunca lo expresó abiertamente pero no podía identificarse con el régimen nazi ni con nada que le recordase a él. Se trataba de un austríaco con sangre judía que no simpatizaba con el Führer por lo que el final de su historia se puede intuir. A los 36 años de edad fue encontrado muerto recostado en la cama junto a su novia Camilla Castagnola. Los informes sugirieron que habían fallecido como consecuencia de la inhalación de monóxido de carbono, a pesar de que en la habitación no oliese a gas. La sombra del asesinato siempre ha merodeado sobre su muerte aunque no se haya podido demostrar. De haberse corroborado, su vida no sería lo único con lo que habría acabado el III Reich puesto que también se cobró la del glorioso Wunderteam al obligar a parte de los jugadores, los que no se habían negado, a formar parte del combinado alemán.

One Comment
  1. De nuevo enhorabuena. Me entretuve mucho en tu blog. Nosotros iniciamos un ciclo de Fútbol y Guerra Civil hace poco. Lo iremos aumentando próximamente. Quizá te interese. Saludos!

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