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José Antonio Reyes, prejubilado a los veintinueve

23 septiembre 2012

Todo comenzó hace nueve años cuando José Antonio Reyes tomó la decisión más importante de su vida, la que proyectaba su carrera internacionalmente y la que le permitía soñar con un futuro repleto de éxitos desde su presente. Cuando con tan solo veinte años le dieron la oportunidad de dar el gran salto no se lo pensó dos veces, hizo las maletas sin ser consciente de las consecuencias que podría tener en su futuro. Convertirse en uno de los fichajes más caros de un club como el Arsenal no es algo que se le presente a muchos jugadores a lo largo de su trayectoria. Él ya era un ídolo en el Sevilla, encajando en el perfil de superhéroe con infancia humilde y ejemplo de superación que serviría como referente para los más jóvenes de la afición. Cuando llegó a la entidad nervionense con doce años prácticamente no sabía ni leer ni escribir. Los educadores y psicólogos trabajaron duro con él mientras afloraba el talento que encandiló al Arsenal. Estaba dispuesto a irse como hicieran en aquellos años otros paisanos como Xabi Alonso, Pepe Reina, Luis García o, su compañero de equipo, Cesc Fábregas.

José Antonio Reyes con el Sevilla

El sueño de la cenicienta se había hecho realidad pero tan pronto como llegó a Londres, sin ser consciente de ello, descubriría que se había equivocado. Aquel mundo de ensueño que le esperaba rápidamente se convirtió en calabaza. Los comentarios hacia él y su calidad llegaron a ensombrecer momentáneamente la figura de Thierry Henry, sobre todo en el comienzo de la temporada 2004-05 en la que anotó seis goles en los seis primeros partidos, contribuyendo además en la creación de otros para su equipo. Futbolísticamente hablando se había integrado en el juego participando tanto en la zona delantera como por ambos lados, desbordando gracias a su velocidad y deleitando con su prodigiosa zurda. Aunque había crecido, seguía siendo un crío al que todas las vulnerabilidades del fútbol le atacaban.  Eso provocó que se descentrase y que unido a su principal problema: la añoranza de su tierra, a pesar de haberse llevado a su familia a la capital inglesa, hizo que se fuera sintiendo más fuera que dentro del Arsenal. Deseaba huír de allí. No le gustaba el clima, la humedad, el idioma era un lastre para él y todo junto hacía que su nostalgia le fuera consumiendo. Los títulos – Premier, Community Shield y FA Cup – que logró con los gunners no rellenaban tampoco su vacío.

En paralelo a esto, su vida se complicó a raíz de dos hechos concretos. Por un lado, antes del amistoso de España ante Inglaterra en noviembre de 2004 se vio envuelto en acusaciones por racismo cuando Luis Aragonés, con el fin de motivarle, le dijo: “Dile a ese negreo que eres mucho mejor que él. Díselo de mi parte.  Tienes que creer en ti mismo, eres mejor que el negro”. El seleccionador español se refería a Thierry Henry, el rey de Highbury, por lo que se introdujo en un terreno pantanoso por la supuesta discriminación por el color de la piel de Henry.  A este suceso hubo que añadir una llamada de broma desde una radio española en la que se hacían pasar por Emilio Butragueño para ofrecerle su regreso a España de la mano de la entidad blanca.

Reyes pidió su traslado, algo que no cayó bien en el Arsenal. Había quedado claro que el sevillano quería irse y era consciente de su error al haber abandonado su país. Aún así, consiguió aguantar hasta 2006 protagonizando algún que otro mano a mano con Cristiano Ronaldo cuando Manchester United y Arsenal se enfrentaban. En el verano de aquel año logró su ansiado pasaporte español con su fichaje por el Real Madrid de Capello. Fue una temporada en la que sus goles en la última jornada equivalían un título de liga que no fue suficiente para que seguiera en la entidad.

Su siguiente destino no estaba lejos, sin moverse de Madrid aterrizó en la casa colchonera en 2007. Su primer año le dejó una austera renta de goles ( cero goles) que le proporcionó un viaje al Benfica en calidad de cedido para la temporada 2008-09. A su regreso al Calderón volvió a recuperar el tono, pero sin llegar a ser el chico que abandonaría Sevilla en busca de un fututo mejor. Su participación con el Atlético de Madrid en Europa League y Copa del Rey no pasaron desapercibidos pero seguía siendo el hombre olvidado. Sus enfrentamientos con sus entrenadores debido a su carácter peculiar impidieron que se convirtiera en una pieza clave para sus esquemas. Brillante, desafortunado y pícaro a partes iguales, seguía sin encontrar su lugar. Con los atléticos estuvo a las órdenes de Abel Resino, Quique Sánchez Flores, Gregorio Manzano pero cuando llegó Simeone vio el momento idóneo para regresar a su hogar.

Al igual que hacen las grandes figuras cuando se retiran, Reyes quería regresar al sitio que le vio nacer como futbolista y que más alegrías le ha dado, no por los títulos sino por el equilibrio que aportaba a su vida rodeado de todo lo que le gustaba. Lo habitual suele ser que eso lo hagan los futbolistas cuando le quedan una o dos temporadas para colgar las botas pero no cuando tienen aún 28 años y varias temporadas en activo en las que rendir a un buen nivel. Aunque su vuelta al Pizjuán fue ilusionante para la afición – puesto que el equipo atravesaba una mala racha y su fichaje significaría el eslabón perfecto con las raíces del pasado y el inicio de una de las etapas más gloriosas para el sevillismo – lo cierto es que sus actuaciones se han alejado de lo esperado. Debía llegar como el salvador, como el nuevo líder que encauzara al equipo para recomponerlo y formar un nuevo bloque a las órdenes de Míchel. La realidad ha sido otra bien distinta.

José Antonio Reyes, con veintinueve años recién cumplidos, danza por el campo como si fuera un veterano a punto de colgar las botas. Físicamente, cuando las lesiones lo permiten, solo es capaz de aguantar sobre el césped 65-70 minutos y no a pleno rendimiento sino al de un perfil bajo, ayudándose de la picaresca para salir victorioso de las jugadas a las que no puede llegar o en las que no puede desbordar a sus rivales. La temporada ha comenzado y su nombre no aparece junto al de los motores del nuevo Sevilla. Navas, Negredo, Medel, Rakitic o Trochowski son los líderes, o al menos tratan de ejercer como tales. Da la sensación de que ya ha dado todo lo que podía dar aunque se le ve como una eterna promesa a caballo entre lo que se esperaba que fuera, lo que prometía ser y lo que realmente es.

Aún está a tiempo de reconducir su camino. En su mano está el seguir yendo a menos hasta convertirse en el jugador invisible o, por el contrario, tomarse en serio su preparación para gozar de una segunda oportunidad en la que demuestre que está lejos de ser un jubilado. Quizás es pedir demasiado pero este curso será crucial puesto que si no demuestra implicación la grada del Pizjuán no dudará en decirle lo que opina, algo que ya ha hecho cuando ha deambulado por el campo sin darlo todo. A partir de ahora será mirado con lupa pero si sigue empequeñeciéndose la afición tendrá que recurrir a un microscopio aunque sea para condenarle al asilo.

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