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Familias del fútbol: Finn y el origen de la dinastía de los Laudrup

1 agosto 2012

El apellido Laudrup es algo más que la seña de identidad de una familia querida en Dinamarca, es parte del ADN del fútbol al haber dejado su huella a su paso por los principales equipos europeos como AC Milan, Real Madrid, FC Barcelona, Ajax, Juventus o Lazio. Frederiksberg es el punto de partida. Allí nacieron los que serían la piedra angular de una saga de futbolistas que hoy día sigue dando sus frutos: Finn Laudrup y Lone Skovdahl. El primero, un reputado jugador que llegó a ser internacional con la selección danesa. Ella, portera de balonmano y hermana de Ebbe Skohvdal, entrenador de plantillas como la del Brøndby, Aberdeen o Benfica. Michael y Brian, sus dos hijos, se criaron bajo la alargada sombra que había dejado su padre en sus diecinueve partidos internacionales en la década de los 70. Sin embargo, pronto demostrarían que tendrían éxito por sus propios medios hasta alcanzar el carácter de estrellas a nivel mundial, sobre todo en el caso del mayor de los hermanos.

Brian Laudrup y Michael Laudrup

Michael Laudrup, la decisión acertada

La biografía de Michael Laudrup comienza en otoño de 1963 cuando  Lone Skovdahl de dieciséis años descubre que está embarazada de su novio Finn. Tan solo llevan unas semanas saliendo por lo que la noticia cae como un jarro de agua fría en la familia de Lone, especialmente en su madre, quien no duda en invitarle a que no tenga ese niño debido a su excesiva juventud e inexperiencia. Aún sabiendo todo lo que se le venía encima, y con el respaldo incondicional de su padre, decidió continuar con el embarazo. El resultado fue el nacimiento meses más tarde de Michael Laudrup, un recién nacido cuyo destino le depararía convertirse en el mejor jugador danés de todos los tiempos.

Desde el primer momento Michael demostró su carácter y potencial. A los trece años rechazó una oferta que le vinculaba a un grande holandés, el Ajax.  Él prefería afianzarse en el fútbol danés antes de dar el salto europeo. Se inició en el Kjøbenhavns Boldklub, uno de los dos clubes que darían pie a la creación del FC Copenhague, y de ahí al Brondby donde realizó una temporada excelente que le  supuso ser elegido el mejor jugador danés de la temporada a sus 18 años. En ese instante consideró que había llegado el momento de desplegar su talento en otro país.  Se esperaba que su primer destino fuera el Liverpool, equipo con el que tenía un acuerdo sobre un contrato por tres temporadas pero por diferentes motivos no se llegó a formalizar y Laudrup acabó jugando en la Serie A, primero con la Lazio y dos temporadas después en la Juventus.

En una época en la que las plazas extranjeras eran muy codiciadas, Laudrup supo convencer de tal manera que a pesar de su juventud quisieron apostar por lo que él podría ofrecerles. En Italia supo adaptarse al nuevo sistema de juego y aprovechó la oportunidad que le brindaron para mostrar en cada partido su prodigio. La Juve contaba en sus filas con Michel Platini y Zbigniew Boniek pero no dudó en incorporar a un jugador que aportaría magistrales pases y preciosos lanzamientos de falta cuando el polaco hizo las maletas para irse a la Roma.

La Vecchia Signora ganó números títulos que comenzarían a extender su palmarés. Sin embargo, aunque tenía aptitudes para ser un genio del fútbol mundial, siempre estuvo perseguido por la reputación de que no había sabido explotar por completo todo su potencial. El mismo Platini aseguró en alguna ocasión que “fue uno de los mayores talentos de todos los tiempos. Fue el mejor jugador del mundo durante el entrenamiento, pero nunca explotó todas sus cualidades en el terreno de juego. Michael tenía todo menos una cosa: no era lo suficientemente egoísta “.

Precisamente lo que para unos puede ser un defecto, para otros puede ser una gran virtud. Su generosidad sobre el campo lo colocó en la órbita del FC Barcelona entrenado por Johan Cruyff para integrarlo como uno más del famoso Dream Team que ganó cuatro títulos de Liga y una Copa de Europa entre 1990 y 1994, aunque en la final de la Champions ante el AC Milan, vio cómo su equipo recibía los cuatro goles sin que él pudiera hacer nada sentado en el banquillo. De hecho, Fabio Capello afirmó: “Laudrup fue el jugador que más temía y Cruyff cometió el error de dejarlo en el banco”. No era la primera vez que Laudrup se pierde una cita importante. Dos años antes no acudió a la Eurocopa de 1992 que su selección ganó tras ser incluida en lugar de Yugoslavia. Las diversas desavenencias con el seleccionador Richard Møller Nielsen fueron decisivas para Michael decidiera no volver a jugar para su país. Tras la victoria continental y el aclamo popular, reconsideró su postura y regresó al equipo nacional hasta superar el centenar de apariciones.

Si hay algo por lo que también destaca Michael Laudrup es por no tener miedo a rechazar ofertas, como en su momento hizo a Ajax y Liverpool, o a cambiar de equipo fichando por el eterno rival. Así es, tras su paso por el FC Barcelona, el danés decidió cambiar de bando porque él consideraba que su ciclo en el Barça había finalizado y se fue a Madrid para seguir consiguiendo títulos.  Sus dos temporadas vestido de blanco dejaron numerosas actuaciones que serán recordadas a lo largo de los años como su rendimiento cuando debía enfrentarse a sus antiguos compañeros o las buenas asociaciones con Iván Zamorano, quien no dudó en reconocer que la principal razón de haber anotado tantos goles en el Real Madrid tenía un nombre propio: Laudrup.

A sus 32 años su carrera aún no había finalizado y lejos de jubilarse puso rumbo al Vissel Kobe de la J-League. Una temporada que sirvió de puente hacia su nuevo destino: el Ajax de Amsterdam que dos décadas antes había rechazado y que ahora le acogía para convertirse en el club en el que colgaría sus botas ganando el título holandés. En la selección disputó su último encuentro en los cuartos de final del Mundial de 1998 ante Brasil. A pesar de la derrota 3-2, él considera que fue uno de los mejores partidos de su carrera, e incluso el mejor. Quizás, de haber disputado la Eurocopa del 92 otro hubiera ocupado ese lugar.

Brian Laudrup, una carrera marcada por las lesiones

Casi cinco son los años de diferencia entre los hermanos Laudrup. Aunque eran muy diferentes sobre el campo, tenían ciertos aspectos en común. Ambos no dudaban en decir lo que pensaban a sus entrenadores, lo que les metió en más de un problema con ellos. Sin embargo, compartían esa generosidad que les permitía ceder el balón a sus compañeros en el momento preciso para que fueran ellos los que se llevaran el reconocimiento. Además, Brian nunca llegó a estar a la altura del potencial que se le presuponía ni llegó a tener el éxito de su hermano. Tenía talento pero le faltaba la confianza para terminar de creérselo. Inició su carrera profesional en el Brondby donde consiguió dos títulos y el pasaporte para viajar a Alemania para jugar en el modesto Bayer Uerdingen y, una temporada después, en el Bayern Munich llegando a ser nombrado mejor delantero de la Bundesliga.

Tras obtener su Eurocopa y con las interesantes cifras que había acumulado en los últimos años a pesar de las lesiones, fue fichado por la Fiorentina confiados en que se repetiría lo vivido con su hermano en Lazio y Juventus. La realidad fue otra y solo una temporada fue suficiente para ver como su nuevo equipo bajaba de categoría mientras él había tenido que retrasar su posición para jugar como lateral derecho en numerosas ocasiones para tratar de salvar los partidos. El desenlace de la temporada llevó al equipo al pozo y ante el enfurecimiento de la afición tuvo que abandonar el estadio en el maletero del coche al finalizar el último encuentro. Esta mala experiencia no fue un contratiempo para que fichase por el AC Milan. El overbooking de extranjeros en una época donde existía un límite implicaba que alguno tuviera que sacrificarse para no jugar. Es el caso de Brian que con compañeros como Boban, Savicevic, Papin o Desailly debía colocarse al final de la cola para contar para Fabio Capello ya que su creatividad estaba fuera de lugar en una liga mecánica y defensiva.

Tan solo duró un año en el Milan. Debía hacer de nuevo las maletas en busca de una otra casa. En el verano del 94 aterrizó en Escocia produciéndose un punto de inflexión en su carrera. Al contrario de lo que se pensaba en un primer momento, no tuvo problemas para adaptarse al juego físico escocés y se convirtió, junto a Gascoigne, en uno de los más influyentes para que Los Rangers obtuvieran los tres campeonatos ligueros. Los aficionados aún le recuerdan hoy día y le agradecen que su mejor fútbol lo desplegara jugando con su camiseta. De hecho, desde que abandonara el club se topó con la mala suerte de las lesiones que ensombrecieron su efímero paso por el Chelsea y el Copenhague. Dejaría definitivamente el fútbol, como su hermano, vistiendo la camiseta del Ajax cuando una lesión le obligó a dejarlo con 31 años.

Una vez que se retiraron, Michael y Brian siguieron caminos diferentes. El primero, acumula una década como entrenador, previo paso por la selección danesa como ayudante de Morten Olsen, de diferentes clubes como Brondby, Getafe, Spartak, Mallorca y Swansea, siendo este último su actual equipo. El segundo, ha seguido jugando partidos de veteranos con asiduidad, ha trabajado como comentarista y analista en TV3+ y hace dos años le fue detectado un linfoma. Juntos forman una de las parejas más exitosas del fútbol mundial y con más clase. Sin embargo, la saga no termina en ellos. La savia nueva de los Laudrup viene golpeando fuerte por parte de los hijos de Michael que, como no podía ser de otra forma y siguiendo la tradición familiar, también están vinculados a la selección danesa.

La saga de los Laudrup continúa

Mads y Andreas Laudrup llevan el fútbol en los genes. Mads es el mayor y nacido durante la etapa de Michael en el AC Milan. Andreas nació un año después en Barcelona en pleno Dream Team aunque con quien llegaría a jugar sería con el Real Madrid en 2007. Es el que más se parece a su progenitor aunque presenta numerosas similitudes con su tío como es el empleo de la pierna izquierda. Mientras su hermano prefiere hacer las veces de centrocampista, él se siente cómodo como interior y llegando reiteradas veces para tratar de conseguir el gol. Aunque los retoños han pasado por todas las categorías inferiores de la selección, Andreas ha continuado hasta llegar a la sub 21, mientras que Mads se quedó con los sub 19.

Pasado, presente y mucho futuro aún por escribir de una de las más queridas familias del fútbol danés, cuya historia en este deporte la escriben a través de la experiencia que ha pasado de abuelos a hijos y nietos. Más allá de los éxitos y títulos acumulados, además pueden presumir de tener el privilegio de haber podido coincidir padre e hijo jugando en el mismo equipo de manera simultánea ya que Finn y Michael compartieron vestuario en el Brondby. Peculiaridades de un árbol genealógico que seguirá dando sus frutos durante muchos años.

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