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Familias del fútbol: Los Charlton, genealogía del éxito

10 julio 2012

Fue el primer caso de hermanos que se enfundaron la camiseta de su país y, además, llegaron a ganar juntos un Mundial. Con esta breve reseña no cuesta imaginar que se trata de Jackie y Bobby Charlton, dos de los jugadores más carismáticos del fútbol inglés.

Jackie y Bobby Charlton

Jackie Charlton nació en 1935 en Ashington. Desarrolló toda su carrera en el Leeds United, desde mayo de 1952 hasta el de 1973. Más de veinte años en los que anotó noventa y seis goles en 773 partidos. Al mundo del fútbol profesional llegaría tras trabajar como minero en su pueblo natal y a la selección cuando rondaba los treinta años de edad, siendo considerado uno de los mejores defensas centrales. Por su altura recibió el apodo de ‘Jirafa Charlton’, una jirafa con una fiereza indomable cuando debía ayudar a cubrir su portería. Tras colgar las botas, tuvo éxito destacable en el Middlesbrough y en el Sheffield Wednesday, con ascenso a primera división en el primer caso. Su paso por el Newcastle United no cumplió con las expectativas y su trabajo siempre estaba en boca de una afición con la que Jackie no llegó a entenderse. Tras entrenar a las Urracas dio un cambio de rumbo a su trayectoria y fue nombrado seleccionador de la República de Irlanda, el primero de origen no irlandés. Era consciente de las limitaciones de aquel equipo nacional pero se puso manos a la obra en la búsqueda de savia nueva en jugadores de la liga inglesa cuyos padres o abuelos, al menos uno, tenía origen irlandés. Al frente de dicho combinado obtuvo la clasificación para los mundiales de 1990 y 1994, zanjando su relación con el fútbol como técnico en ese mismo año.

Por su parte, Sir Bobby Charlton es una leyenda vida y uno de los mejores futbolistas ingleses que se recuerdan. El saber estar en el momento y lugar precisos propició que se convirtiera en el mayor goleador de la selección inglesa de todos los tiempos y uno de los máximos artilleros del Manchester. Un caballero en el campo, nunca fue expulsado, y fuera de él. El título de Sir le fue concedido en 1994. Además, posee la Orden del Mérito de la FIFA y es Presidente honorario del Manchester United desde 1984. Fue el cerebro del equipo que ganó el único título mundial que poseen los inventores del fútbol y del Manchester United que conquistó la Copa de Europa de 1968.

Como futbolista poseía numerosas cualidades que adornaba con un arranque imprevisible, una larga zancada y la eficacia en el remate, sobre todo con la pierna derecha y con la cabeza. Llevaba la batuta en el campo. Debido a la prematura calvicie, consecuencia del accidente de Munich, su aspecto se asemejaba al de un lord inglés pero era el jugador más completo que había dado Inglaterra desde la guerra. Entre sus virtudes destacaban su nobleza sobre el césped, trabajo incansable y poseedor de una inteligencia y técnica exquisitas que aparecían para transformarlo en un buen goleador. Fue un hombre decisivo, el que aparecía cuando más lo necesitaba su equipo. Con la selección, a su lado, se movían dos Beatles, por la izquierda Martin Peters, parecido físicamente a George Harrison, y el inquieto Alan Ball por la derecha. Bobby era el eje de aquella selección inglesa que recibía el nombre de los wingless wonders -maravillas sin alas- porque jugaban por los extremos sin extremos.

Al Mundial de 1966 acudieron los dos hermanos Charlton. Fueron avanzando por las diferentes fases dejando atrás a Argentina, Portugal y a Alemania Occidental en la final. Wembley acogió el 26 de julio un encuentro recordado por una decisión polémica que valía un campeonato: el gol fantasma de Hurst. El partido no empezó bien para Inglaterra. Los alemanes consiguieron anotar primero ya que Jackie Charlton tapó la visibilidad del portero. Era la primera vez que los ingleses iban por detrás en el marcador en el torneo pero no desfallecieron en su actitud ofensiva. Alf Ramsey y Helmut Schön habían emparejado a Bobby Charlton y Beckenbauer con el objetivo de que se vigilaran el uno al otro. Ambos se anularon aunque, como el mismo Franz reconoció a posteriori: “Aquel histórico partido lo ganó Inglaterra porque Bobby fue un poco mejor que yo. Se trata de uno de los jugadores más completos que han existido. Defendía, atacaba, organizaba el juego y marcaba goles.” De hecho, el gol del empate inglés nació de una jugada de Charlton, quien se fue del alemán y propició una falta de Overath a Bobby Moore. Sin que la defensa alemana se hubiera colocado, Moore envió un centro preciso a la cabeza de Hurst que obró la igualada. Más de 60.000 aficionados en la grada estallaron cantando When The Saints Go Marchin’ In bajo la cabizbaja mirada de los treinta mil alemanes que habían enmudecido con el gol.

El otro Charlton, Jackie, volvió a aparecer cuando el encuentro se decantaba a favor de su equipo. Corría el último minuto y la ‘Jirafa’ había empujado de manera dudosa a Held. No era la primera vez en los noventa minutos que el central vivía en primera persona decisiones arbitrales que le perjudicaban. Esta vez, a consecuencia del lanzamiento de castigo y tras varios intentos seguidos por parte del conjunto alemán, el balón logró traspasar la línea de gol. Empate y prórroga. La controversia estuvo servida gracias a un gol fantasma que decidió un partido que valía un título mundial. Por si había dudas, el mismo Hurst zanjó la discusión anotando el cuarto y definitivo gol inglés.

Con el pitido final se dio paso al rugido de la multitud que vitoreaba a los suyos en Wembley. Con lágrimas brotando de los ojos Bobby Charlton se acercaba a su compañero de equipo y hermano mayor Jackie para fundirse en un abrazo. Sin embargo, aquel gesto de afecto no indicaba la relación real entre ambos. Aquellas cómplices sonrisas fruto del triunfo escondían un sentimiento de mutua antipatía que había ido aflorando a lo largo de los años hasta llegar a convertirse en desprecio. Aquella hostilidad no solo era fruto del encontronazo entre las personalidades de los hermanos desde que eran niños. Con el paso de los años fue complicándose por nuevos motivos de su enfrentamiento como la separación de Bobby de su familia a favor de su mujer, Norma, o a la relación con Cissie Charlton, madre de los futbolistas e incluso su comportamiento con la enfermedad de su padre.

Aunque Jackie y Bobby compartían profesión y sangre, no podían ser más diferentes. El primero era alto y desgarbado, el segundo bajo y fuerte. Uno, un defensa seguro y robusto de carácter sociable. El otro, basaba su juego en el ataque con desparpajo. Antagónicos pero iguales cuando se trataba del fútbol. Dos leyendas que se convirtieron en los primeros hermanos en representar a su país y ganar un Mundial.

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