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El ‘Abecedario’ del fútbol – S: Guillermo Stábile, el filtrador

4 junio 2012

El argentino Guillemo Stábile hizo historia al convertirse en el primer pichichi de los Mundiales. Y lo hizo casi por casualidad. Él no era el elegido para ser titular, ese honor recaía sobre Roberto Cherro pero se lesionó en el debut ante Francia. Aquella lesión permitió que Stábile ocupara su lugar y abandonara su situación de suplente contra México. No tardó demasiado en demostrar su valía ya que a los ocho minutos había anotado el primero de los tres goles que conseguiría marcar. Aquellos registros le proporcionaron la titularidad en su selección en los siguientes partidos y él supo responder con dos tantos que logró marcarle a Chile y a Yugoslavia. El gol más importante de su carrera pudo ser el que suponía el 2-1 para su equipo en la final contra Uruguay, pero acabaron perdiendo.

Más de 90.000 espectadores habían acudido a ver a sus selecciones en el estadio Centenario de Montevideo. Por aquel entonces no existía la regularización de balones con la que hoy contamos y el encuentro tuvo que retrasarse porque ambos combinados pretendían usar un esférico de su propia elección. Una vez comenzada la final, Pablo Dorado anotó el primero pero la alegría les duraría poco. En menos de diez minutos Carlos Peucelle había empatado para los argentinos sin que nada pudiera hacer el portero uruguayo, Enrique Ballesteros. Antes del descanso, Stábile logró adelantar a los suyos con las quejas de José Nasazzi que le acusaba de estar en fuera de juego. La superioridad mostrada al final de la primera mitad desapareció en la la segunda en favor de los uruguayos que tomaron el relevo al mando. De esta forma la primera edición se vestía con los colores de Uruguay mientras Jules Rimet presentaba el ansiado trofeo: la Copa Mundial que alzaría el capitán Nazassi.

Su selección no sería la campeona pero Stábile se había convertido en el máximo goleador de la primera edición. Además, en Argentina habían empezado a conocerle con el sobrenombre de “El filtrador” en alusión a su facilidad para colarse con el balón entre la defensa, fundamentalmente gracias a la potencia, velocidad y regate. Sus comienzos como atleta en pruebas de velocidad en 100 metros lisos y sus excelentes marcas le convertían en un atacante muy difícil de frenar. Tras los ocho goles que lo encumbraron en el Mundial de Uruguay dejó Huracán (1924-1930), con el que había debutado a los diecisiete años. Se marchó a Italia, donde jugó en el Génova y en el Nápoles.

Después de estar más de quince días navegando por el Atlántico rumbo a Génova y sin tener tiempo para habituarse a su nueva casa, disputó su primer partido. Su estreno no podía ser de otra forma que marcando para compensar a sus nuevos seguidores por la hospitalidad proporcionada. La primera temporada en Italia fue excepcional, pero en la segunda se fracturó la tibia y el peroné, lesión de la que nunca se recuperó al 100% y por la que tuvo que estar un año en reposo. En 1936 fichó por el Red Star francés, equipo de profesionales como Jules Rimet, en el que colgó las botas. A su regreso a Argentina fue nombrado seleccionador nacional, ejerciendo como tal durante veinte años en más de un centenar de encuentros. Su mayor hazaña al frente del equipo nacional se traslada al XIX Campeonato Sudamericano de Lima en 1957. Contaba con una línea ofensiva que apuntaba a ganadora tanto del torneo como del Mundial de Suecia. Ilustres nombres como Omar Orestes Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Valetín Angelillo, Enrique Omar Sívori y Oswaldo Cruz componían la artillería argentina. Sin embargo, sus pretensiones no se cumplieron en la cita escandinava donde acumularon una sola victoria y dos derrotas, la más dolorosa ante Checoslovaquia (1-6). Aquella eliminación fue un duro palo del que Stábile no pudo recuperarse.

De su faceta como técnico no se recuerda aquel fracaso sino otros  grandes momentos vividos en el banquillo de los mejores equipos de la época como San Lorenzo de Almagro, Estudiantes y Rácing de Avellaneda. No solo se dedicó al fútbol. O al menos, no cuando ejercía de entrenador. En el cine interpretó el papel de técnico en la película “La pelota de Trapo” de 1948, que cuenta la trágica historia de un niño que sueña con triunfar en el fútbol y cuando lo consigue decide volver al barrio que le vio nacer. Aunque hay dos versiones sobre la edad de su muerte, parece ser que Guillermo Stábile falleció a los pocos días de cumplir 67 años en Buenos Aires.

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