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Argentina, Perú y la tragedia de Lima

24 mayo 2012

Nadie puede imaginar que un día tan especial como en el que nació Eric Cantona en 1966 o en el que se celebró la primera final de Champions entre dos equipos españoles (Real Madrid Valencia), podía contrastar tanto con un fatídico suceso que tuvo repercusión mundial. Parece que las selecciones argentina y peruana están predestinadas a ser noticia cuando se enfrentan. Si en 1978 fueron protagonistas de los rumores de amaños durante el Mundial a raíz de su partido, catorce años antes tenía lugar una de las mayores tragedias producidas en un campo de fútbol.

Aquella tarde de domingo, el Coloso de José Díaz debía ser testigo del partido entre las selecciones de Argentina y Perú que disputaban el preolímpico para Tokio. Los primeros ya estaban clasificados pero los segundos necesitaban desbancar a Brasil de su segundo puesto. Ante al atenta mirada de cerca de 50.000 espectadores los dos combinados trataban de poner el marcador a su favor. La albiceleste consiguió su diana en primer lugar, obra de Manfredi, ante el desconcierto del público que no comprendía ese gol. El público comenzó a impacientarse y estallaría cuando pocos minutos después los peruanos lograron anotar el tanto del empate.

La tragedia de Lima

Un gol que no subió al marcador porque fue anulado por el árbitro uruguayo desencadenó los hechos. La tensión aumentó cuando Víctor Vásquez, el Negro Bomba, un conocido delincuente trató de agredir al colegiado, encendiendo aún más a la afición. Como protesta saltaron varios aficionados al campo, todo ellos frenados por los policías mientras las gradas increpaban ante lo que estaban presenciando. Ángel Eduardo Pazos decidió dar por finalizado el encuentro antes de tiempo para tratar de controlar la crispación generalizada. Sin embargo, provocó la hecatombe. El gentío se apresuraba a abandonar el estadio a toda velocidad mientras era víctima de los gases lacrimógenos de los policías. Todos querían salir pero las puertas estaban cerradas. Como consecuencia, el tumulto provocó que muchos sufrieran golpes, fueron los afortunados. Otros, cerca de cuatrocientos, no tuvieron el mismo final y murieron asfixiados, el 90%, o aplastados sufriendo innumerables traumatismos.

El panorama dantesco que se vivía en los vestuarios a donde trasladaban cadáveres y lesionados, se extendió a las calles. Las muertes siguieron creciendo entre coches incendiados, policías atacados y balazos en ambos sentidos. El pavor y la histeria colectiva iban de la mano aquella tarde que nadie puede olvidar. Los que allí estuvieron aún tienen grabado en sus cabezas el sonido de las balas abriéndose paso entre la marabunta humana. El Estadio Nacional permaneció cerrado dos meses, a lo largo de los cuales se analizó la forma de mejorar el sistema de evacuación y seguridad para evitar que se repitiera en el futuro. La sociedad se solidarizó llegando a recaudar más de diez millones de soles para paras familias de los afectados.

Cualquier esfuerzo fue insuficiente para borrar aquella triste tarde en la que Argentina se llevó finalmente la victoria. Perú quedó a expensas de su partido contra Brasil que también perdió por una amplia goleada de 4-0. La Federación Peruana de Fútbol decidió recaudar fondos mediante un partido de fútbol entre el Sporting Cristal y el FC Barcelona. El empate a uno de aquel amistoso solo sería visto por las escasas 4000 personas que acudieron al encuentro mientras miles de personas seguían tratando de asimilar la Tragedia de Lima.

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