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El ‘Abecedario’ del fútbol – P: Rafael Moreno, el primer Pichichi

14 mayo 2012

Cada temporada numerosos jugadores se disputan el trofeo que se otorga al máximo goleador del curso. La mayoría no son conscientes de lo que significa ser Pichichi más allá de haber anotado una cifra de goles superior a la del resto. Para conocer el origen de este reconocimiento hay que trasladarse prácticamente a los inicios del fútbol en España. Concretamente al 23 de mayo de 1892, fecha en la que nació Rafael Moreno Aranzadi en Bilbao.

Rafael Moreno, Pichichi

Durante doce años militó en el Athletic, aunque fue fichado en la temporada 1910-11 no sería hasta 1913 cuando se produce su primer partido oficial en el club. A lo largo de su carrera su nombre estuvo siempre ligado al gol, acompañado por unas cualidades que lo colocarían junto a los grandes de este deporte. Desde pequeño mostraba su talento sin titubear cuando disputaba partidos con mayores de edad en las campas. Fueron éstos los que le pusieron el apodo de “pichichi” por su aspecto menudo. Quien le vio jugar le describe como un futbolista con una asombrosa visión de juego, un regate providencial y compromiso absoluto con sus colores. Si a esas cualidades se le añade su facilidad para el gol se convierte en un jugador irrepetible a la altura de los mitos.

Jugaba de interior derecho y, conociendo lo que hoy significa su apodo, no parece necesario insistir en su eficacia rematadora. Sin duda, una de las mejores bazas con las que contó el Athletic para ganar tres veces consecutivas la Copa, y una cuarta alterna, el único campeonato nacional que existía entonces en España. En esos 17 partidos que disputó en dicha competición con el Athletic marcó 10 goles. Además, formó parte de la primera selección española con la que se trajo la medalla de plata de los Juegos Olímpicos de Amberes vistiendo la camiseta internacional en todos los partidos. Después no volvió a la selección.

Tenía el corazón más grande de todos los jugadores que han pisado el césped de San Mamés, en el que desde 1926 se erige un busto a su figura. No en vano, entre otras hazañas, este sobrino de Miguel de Unamuno fue el autor del primer gol que se vio en La Catedral. Sería durante el partido de inauguración del estadio, el 21 de agosto de 1913, ante el Racing de Irún. Resulta inevitable definir a “Pichichi” como un jugador con personalidad indiscutible dentro y fuera del campo, que sabía suplir sus carencias físicas con el talento que desbordaba.

Su repentina muerte, a los 30 años de edad tras su retirada un año antes para dedicarse al arbitraje, propulsó la creación de la leyenda olvidándose las quejas de aquellos aficionados que cuestionaron su comportamiento en los últimos años y coreaban su nombre para que se retirara. Gritos y reproches, justificados o no, que trasladaron a su nuevo trabajo.  Todas esas voces callaron cuando se conoció su prematuro fallecimiento a causa de un proceso tifoideo consecuencia de haber ingerido ostras en mal estado.  En ese momento su recuerdo pasó a ser uno de los más queridos por la afición bilbaína.

Para ayudar a paliar la precaria situación económica en la que había quedado su familia, se organizaron diversos homenajes para recaudar fondos, al menos de manera temporal. En 1926 Ricardo de Irezabal Goti, presidente del club, aún mantenía vivo el recuerdo de Rafael Moreno y propuso la construcción de un monumento en honor que sería aprobado de manera unánime por la junta. Quintín de Torre Berástegui fue el escultor encargado de dar forma al busto de Pichichi con los rasgos faciales que le caracterizaban: rostro sereno y larga nariz. Una vez finalizada la obra se colocaría en San Mamés para ser admirada por todos. Casi cien años después, el busto de Pichichi sigue presidiendo los partidos aunque en un emplazamiento diferente al de 1926. En 1953 se trasladó al lateral izquierdo de la tribuna principal recién construida pero en 1982 cambiaría de ubicación al lado de la presidencia. Es tradición que todo equipo que visite San Mamés por primera vez deposite de manos de su máximo goleador un ramo de flores como símbolo de respeto y admiración a Pichichi. Su prematura muerte no le dio muchas oportunidades pero sí a todos los aficionados que, ya sea porque le vieron jugar o porque conocen su biografía, mantienen vivo el recuerdo de Rafael Moreno ligado a su casa: La gran Catedral.

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