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Hungría: los magiares mágicos

27 abril 2012

El 25 de noviembre de 1953 marcó un antes y un después en la historia del fútbol mundial al ganar la selección húngara a los ingleses en el mismísimo Wembley. Gustav Sebes era el entrenador. Era más que eso. Llegó al cargo en 1948 pero compartía banquillo junto a otros dos seleccionadores. Un año después fue nombrado Ministro Delegado de Deportes y su control sobre el equipo nacional se hizo absoluto. Comunista convencido, aplicó sus ideas políticas al fútbol: “A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades”. Es decir, todos tenían que hacer de todo en el campo y esto exigía una movilidad extra de los jugadores. Retrasó al delantero centro con la intención de dejar más espacio a los interiores, que se convertían así en los puntas de lanza. Sebes sacrificó a Ferenc Deák, uno de los mejores goleadores europeos de los últimos años cuarenta algo impensable observando que su registro de goles con la selección era comparable al de Puskas. Aunque sin confirmación, parece ser que la única razón para postergarle era su discrepancia con sus puntos de vista fuera del campo.

Los magiares mágicos

El seleccionador húngaro se lo podía permitir ya que contaba con dos de los mejores artilleros de la época: Puskas, que disparaba como un cañón por la izquierda, y Kocsis, que lo hacía por la derecha pero sobre todo era letal de cabeza. A ellos se le unía Hidegkuti, el hombre que encarnaba a la perfección el puesto de rompelíneas que Sebes necesitaba para su sistema. Era un pulmón dotado de técnica, habilidad y capacidad goleadora que hizo olvidar a Deák.

En esta selección nadie tenía el puesto asegurado. Hidegkuti pugnaba con Palotás por la titularidad. El verdadero cerebro en el campo era Josef Bozsik, capaz de mantener la pelota bajo su control y el juego húngaro siempre pasaba por sus botas gracias a su excelente técnica y olfato para el fútbol. Zoltan Czibor era un exterior izquierdo rápido y hábil con mucho talento. El otro extremo no era un puesto fijo sino que se alternaban el trabajador Tóth con Lazsló Budai, titular del Honved de Budapest también dirigido por Gustav Sebes. Los “defensores de la patria” ganaron la Liga en 1950, 1952, 1954 y 1955, hasta los tanques soviéticos entraron en Budapest mientras sus jugadores se encontraban  de gira fuera de Hungría. Algunos no regresaron. Posteriormente Kocsis y Czibor recalaron en el Barcelona y Puskas en el Real Madrid.

Aquella selección recibió varios sobrenombres como el de los “mágicos magiares” o el “equipo de oro” por sus resultados y por alineaciones como la compuesta por Grocsis,BuzánszkyLantosBozsikLórántZakariasBudai IIKocsisHidegkutiPuskas y Czibor, aunque solo se repitiera cinco veces. Uno de los encuentros por los que se les denominó “aranycsapat” fue el famoso choque contra Inglaterra. Fue la cumbre. El seleccionador húngaro estudió al detalle la forma de juego a la que se enfrentaban. Organizó partidos contra equipos ingleses y entrenaron con su balón durante semanas. Eran conscientes de que si no ganaban habrían desaprovechado la oportunidad de hacer historia. Así que alineó a los mejores desde el inicio y el espectáculo húngaro dejó boquiabiertos a los allí presentes. Hidegkuti culminó un ataque trenzado con un amago que desmanteló a la defensa, pisó el área y lanzó un disparó que entró por la escuadra derecha del portero Merrick, fue el primero. Y así se fueron sucediendo hasta que se produjo un gol que dio la vuelta al mundo. Un error defensivo habilitó a Kocsis que se internó por la banda derecha hasta la línea de fondo y dio el pase a Puskas, completamente desmarcado al borde del ángulo derecho del área pequeña. El zurdo se encontró el balón con la diestra y, en lugar de chutar, se demoró dando tiempo a que llegaran los defensores ingleses. El primero fue Billy Wright. Puskas pisó el balón y le sentó gracias a un regate seco de izquierda para lanzar con la misma pierna un duro y ajustado disparo al palo corto. Aquel resbalón del capitán Wright no podía representar de mejor forma la caída del imperio futbolístico británico.

En solo media hora Hungría ya ganaba 1-4 para finalizar con el definitivo 3-6 en el bautizado como el partido del siglo. Inglaterra le devolvió la visita a Hungría y el bochorno fue mayor: 7-1, uno de los resultados más abultados en la historia de esta selección y que pudo ser más explosivo si Puskas hubiera estado fino aquel día, aunque anotase dos goles. Hungría fue el mejor equipo del mundo durante seis años: entre 1950 y 1956. Sus actuaciones equivalían a resultados escandalosos. Su racha de 32 partidos imbatida, desde su derrota ante Austria en mayo de 1950, hasta la final de Berna en 1954 no ha podido ser superada hasta tiempos recientes. En la suma de esos encuentros anotaron 145 goles proporcionando una media de cinco por partido. Sin embargo, el destino jugó en su contra y quiso que la derrota llegara el peor día en el que una selección desea perder: la final del Mundial.

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