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El ‘Abecedario’ del fútbol – L: Igor Lediakhov, el mago de Sochi

11 abril 2012
Igor Lediakhov

Comenzó su carrera profesional en el SKA Rostov en 1988, en 1990 jugó en el Dnipro Dnipropetrovsk y en la temporada 1991/92 lo hizo como jugador del Rotor de Volgogrado. Su talento le proporcionó el salto a uno de los grandes de Rusia, el Spartak de Moscú, donde jugaría dos años demostrando el nivel que era capaz de mantener. Aterrizó en España tras su paso por el Mundial de EEUU representando a la Unión Soviética. Solo jugaría el último partido, el del 6-1 a Camerún pero influyó para que el Sporting decidiera ficharle a cambio de los doscientos millones de pesetas que pagó al Spartak de Moscú. Llegó rodeado de la expectación que provocaba ser un futbolista ruso del que poco se sabía pero que había despertado el interés de grandes colosos como Real Madrid y FC Barcelona. La carta de presentación, a priori, era buena: 25 años, internacional y la pieza perfecta para encajar en la revolución que el Sporting necesitaba. A posteriori, su juego sería irregular dejando entrever cierto aire de holgazanería, a veces gélido en el trato, pero no falto de calidad.

Sus más de doscientos partidos y cerca de cincuenta goles en Gijón le permitieron vivir la promoción frente al Lleida, la permanencia y el fatídico descenso a la categoría de plata. Su carácter fuerte y polémico lo envolvió en más de una situación complicada durante las ocho temporadas que se vistió la camiseta rojiblanca. Entre sus expulsiones más comentadas destaca la que le proporcionó seis partidos de castigo tras pegar a un rival y empujar a un árbitro en el año 2000. Salidas de tono dentro del campo y, en los vestuarios, contra de la directiva que acabaron por pasarle factura. Aunque era considerado un nombre de peso dentro de la plantilla y para la afición del Molinón, decidieron mandarlo de retiro y como reprimenda a la liga japonesa.

En la temporada 1997-98, durante el mercado invernal, se produjo la cesión al Yojohama Flügels. Los gastos corrieron por cuenta del Sporting y como si de un reformatorio se tratase, Lediakhov debería aprender a controlarse. La directiva esperaba que el club mejorase su situación sin él, pero con el equipo en Segunda División y acechando un nuevo descenso, tuvieron que recurrir al salvador para que los resultados mejorasen. Con su regreso volvieron sus intermitencias en el campo, sus goles magistrales, pases imposibles y partidos con su nombre como protagonista que se mezclaban con aquellos en los que se borraba pasando desapercibido. Y así fueron transcurriendo los años hasta que su vinculación con el Sporting se acabara en 2002. Se llegó a la conclusión de que era necesario apartarle del equipo de cara a la siguiente campaña: “era lo mejor para el equipo”. Sin ficha se dispuso a presentar la pertinente demanda. La justicia le dio la razón al jugador que debería recibir la correspondiente indemnización de más 420.000 euros, una cifra elevada para el club teniendo en cuenta la situación por la que pasaba.

Siempre mantuvo que Gijón le recordaba a su Sochi natal y aunque le costaba abandonar la que fuera su segunda casa tuvo que hacerlo para continuar su carrera. Cuando se disponía a firmar con el Langreo de Segunda B, recibió una suculenta llamada del Eibar, que además se encontraba en una categoría superior. No pudo negarse ante tal oferta y jugó allí sus últimos partidos antes de colgar las botas con 35 años.

En principio no quiso seguir perteneciendo al mundo del fútbol aunque permaneció en España, en Barcelona, ligado a negocios inmobiliarios. Sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de ser director técnico del FC Rostov no tuvo dudas y volvió a Rusia en 2007. Tras finalizar aquella temporada fichó por clubes como el Spartak y el Shinnik Yaroslavl. Entre tanto, se rumoreó con la posible compra del Sporting de Gijón al haberse convertido en multimillonario gracias a lo obtenido en el mundo inmobiliario de Marbella. Con cien millones de euros pretendía continuar escribiendo su historia a través del club y eliminar a todos aquellos que consideraba que estaban llevando una mala gestión.

El Mago de Sochi no dejó indiferente a nadie de los que le vieron jugar. Magistral cuando quería, desestabilizador en los momentos oportunos, mágico cuando la flojera se lo permitía pero ante todo un ser querido para parte de una afición que hoy día lucha como entonces por evitar que su equipo descienda a los infiernos.

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