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Argentina-Perú: una goleada dictatorial

2 marzo 2012

A lo largo de la historia del fútbol, y la de los Mundiales, se han producido partidos que han visto cómo la sospecha de amaño les ha ido acompañando durante años. Uno de ellos se desarrolló en el Mundial de 1978. Un torneo en el que las connotaciones políticas estuvieron presente en todo momento, se trataba de un evento prioritario para la dictadura imperante. Los militares no escatimaron en gastos para conseguir el éxito deportivo y organizativo que serviría para mantener en un segundo plano todos los problemas que acumulaba el país. En lo estrictamente deportivo, el nivel fue inferior que el de otras citas mundialistas. Además, la anfitriona se benefició del favoritismo de los árbitros y tuvo su mayor auge en la providencial goleada a Perú, que influyó en el desenlace.

Argentina 1978

Al igual que en el anterior Mundial, Alemania-74, los primeros de cada grupo obtenían el pase directo a la final. Por el contrario, los segundos debían disputar el encuentro por la final de consolación. En el grupo integrado por Polonia, Perú, Brasil y Argentina. Los brasileños no tuvieron problemas en golear a los peruanos 3-0. La buena imagen que éstos habían mostrado en la primera fase se desmoronó conforme avanzaba el mundial. Mientras tanto, Argentina tampoco pasaba penurias para ganar a Polonia con un cómodo 2-0.

Hasta aquí todo entraba dentro del guión establecido. Pero aún debería producirse una de las actuaciones más bochornosas y sobre la que siempre ha rondado la sombra de la estafa. En este punto, Brasil y Argentina, que compartían puntuación, debían enfrentarse entre ellas. De aquel duelo saldría más tarde el ganador. Se trataba de un partido cuyo empate a cero sería letal para los brasileños, como se vería posteriormente. El encuentro no regaló buen fútbol sino que las patadas y entradas agresivas se sucedieron ante la impasible mirada del árbitro húngaro Palotai.

Tras el austero 0-0, la FIFA se lució en la última jornada en la que se cruzaban por un lado Brasil con Polonia y por el otroArgentina con Perú. No sucumbió a las quejas brasileñas por disputarse su partido horas antes que el de la anfitriona. Ambas estaban empatadas a puntos y en caso de que se mantuviera esa igualdad, se clasificaría para la final aquella que ganara la diferencia de goles.

Brasil estrenó su marcador gracias a uno de los goles más recordados a lo largo de los años, aquel lanzamiento de falta de Nelinho daría la vuelta al mundo. Aún llegarían tres goles más, dos para los cariocas y uno para su rival, 3-1. Un resultado, a priori, suficiente para pasar a la final pero pronto descubrieron que deberían haber aprovechado las ocasiones que tuvieron de golear.

Tan solo fueron necesarias unas horas para que Brasil viera cómo se esfumaba su sueño. Argentina necesitaba acortar la diferencia de cuatro goles y lo que parecía imposible se tradujo en un marcador abultado a favor. Aunque durante los primeros minutos se apreció el nerviosismo argentino y la ansiedad por marcar para irse al descanso con dos goles de ventaja, pronto se evaporó ese miedo. Solo necesitaron los cinco primeros minutos de la segunda parte para alcanzar el 4-0. Los errores de la defensa peruana eran propios de los de un patio de colegio. No acertaban a despejar ningún balón y los pocos que pudieron cazar volvían al área de inmediato.

Los que seguían el espectáculo veían cómo Argentina jugaba sola. No tenía delante la más mínima oposición, al menos, no la esperada por parte de un cuarto finalista de un Mundial. Dos nuevas llegadas más y el 6-0 subió al marcador. La fiesta argentinaen las gradas contrastaba con la desdicha brasileña y la impotencia peruana. Los brasileños volvieron a protestar y acusar abiertamente a Perú de haber regalado el partido.

El centro de las acusaciones tenía un nombre propio. Quiroga, el portero argentino nacionalizado peruano fue acusado de venderse a Argentina. Tuvo que escribir una carta abierta que fue publicada en la prensa para explicar lo sucedido. Nunca existieron claros indicios del amaño pero a lo largo de estos treinta años la sombra de la sospecha ha permanecido intacta, sobre todo por parte de los brasileños. Sobre aquel mundial muchas voces piensan que si Argentina no hubiera sido la anfitriona, viendo el juego desplegado sobre el césped, habría caído en la primera fase pero el destino jugó a su favor en todo momento.

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