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Los entrenadores que más equipos han descendido

10 febrero 2012

Son directores de orquesta. Encargados de domar a las fieras para crear un espectáculo que cuelgue el cartel de “no hay billetes” jornada tras jornada. Los entrenadores deben cuidar y mimar a su plantilla para obtener los resultados que todos desean, no solo tras cada partido, sino al finalizar la temporada. Es entonces cuando la recompensa llega en forma de títulos o, por el contrario, de descensos que nadie quiere sufrir. Si hace unos días hablábamos de jugadores expertos en llevar al infierno de la categoría inferior a sus clubes, ahora le toca el turno a esos técnicos que, al contrario de lo que se esperaba de ellos cuando fueron contratados, hunden al equipo.

Miguel Ángel Lotina / lainformacion.com

Miguel Ángel Lotina se ha caracterizado a lo largo de los años por ser un técnico comprometido y realista. No ha ocultado su preocupación en los momentos complicados y nunca se ha dado por vencido cuando los malos presagios estaban cerca de cumplirse. Son cuatro los clubes que han descendido tras su paso por él: Logroñés, Celta de Vigo, Real Sociedad y Deportivo de la Coruña. En el caso de los dos primeros, no terminó la temporada con ellos. En el curso 96-97 tan solo entrenaría al Logroñés las primeras jornadas y en 2003-04 tampoco finalizó la campaña con el Celta. La situación de la Real, a la que llegó Lotina con el año empezado y en crisis, no pudo ser mejorada y acabó por caer a la Segunda División.

De ahí emigró al Depor, con vaivenes que acababan por solucionarse hasta que la suerte se rompió culminando en la categoría de plata el pasado verano. Cuatro descensos son demasiados para un técnico que a su vez fue decisivo en los ascensos de Numancia y Atlético Osasuna pero que con el Espanyol jugó con fuego hasta el último momento, logrando mantener el estatus. Cara y cruz de una misma moneda. Ser buen entrenador o malo solo depende de las circunstancias en determinados casos.

Cruzando el charco se encuentra Leonardo Carol Madelón, actual entrenador de San Lorenzo de Almagro. Aunque no fue responsabilidad suya de manera directa, en 2005 estuvo presente en el descenso a Segunda división de Instituto de Córdoba, cuando ejercía de ayudante de Ariel Cuffaro Russo. Desde entonces, pasó por diferentes equipos situados en posiciones alarmantes de la tabla y siempre con el fantasma del descenso rondando su mente. Su actuación más dolorosa se produjo en Rosario Central.

En 2007-08 consiguió salvar al equipo de la Promoción pero abandonó el barco por desavenencias con la directiva. Volvería dos años más tarde para repetir la hazaña pero el resultado sería antagónico. Descendió a la B Nacional al no superar la promoción contra All Boys. Una vez más, su falta de resultados positivos le llevaron a ser destituido de Quilmes, donde la situación fue tan compleja que su sucesor, Ricardo Caruso Lombardi, no pudo hacer nada para evitar el descenso.

Mención especial la de Lucas Alcaraz, que tiene en su currículum la proeza de descender a un mismo equipo en dos ocasiones a Segunda División. Se trataba del Recreativo de Huelva, aunque previamente ya había participado en la decadencia del Real Murcia, que tras su cese acabaría por descender. Luces y sombras de una carrera con momentos álgidos en sus ascensos a Primera con Murcia y Recre.

Finalmente, un entrenador que dice de sí mismo: “Se me ha pegado la fama de que he descendido a veinte clubes, y en realidad no he descendido a ninguno”. Técnicamente esa frase de Lillo es correcta pero aunque no fue el que la consumara, la caída estuvo condicionada por el tiempo que estuvo entrenando a las diferentes plantillas. Algo similar a lo que sucedió en Salamanca, equipo con el que debutaría en Primera división tras dos ascensos consecutivos. Del cielo al infierno. Tras su marcha, los salmantinos no levantarían el vuelo y obtendrían el descenso matemático. Poco después, participaría en una situación similar en Tenerife: lograr mantener la categoría para la temporada siguiente, ser destituido por malos resultados y que el club acabase en el foso.

Como no hay dos sin tres, en la temporada 2004 -2005 comenzó a entrenar al Terrasa. Mismo patrón, equipo que va a menos, Lillo es destituido y como consecuencia, bajan un escalón. Tampoco hay tres sin cuatro. La última jugada del entrenador guipuzcoano se produjo en Almería. Encajar ocho goles del FC Barcelona, entrenado por su gran amigo Pep Guardiola, fueron la gota que colmara el vaso. Juanma hizo las maletas y el conjunto andaluz se prepararía para abandonar la categoría a final de curso. Contradicciones para un técnico experto en la teoría pero al que las circunstancias de sus equipos le han condicionado para ser cuestionado por la afición.
Juanma Lillo

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