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La decadencia del fútbol sueco

2 enero 2012

“La Liga española es la mayor porquería del mundo” es una de las frases empleadas porJosé María del Nido a lo largo de los últimos meses para condenar la situación actual del fútbol español. El presidente del Sevilla FC no se acobarda cuando denuncia la exagerada desigualdad que existe en el reparto televisivo y que provoca que solo Real Madrid FC Barcelona posean unas plantillas competitivas ante las que no se pueda rivalizar.

El Helsingborgs IF dominó el 2011 en Suecia

Este hecho causa que temporada tras temporada se repita el mano a mano entre ambos sin dejar prácticamente opción al resto de equipos para que luchen por hacerse con algún título. Pero, ¿qué sucedería si éstos cayeran en manos de diferentes clubes cada temporada? ¿sería una liga mejor? ¿seguiría siendo considerada una de las mejores del mundo a la que las principales estrellas del momento quieren venir? ¿O, por el contrario, pasaría desapercibida?

Para responder a dichas preguntas basta con observar lo que sucede en otros países que gozan de mayor igualdad sin que los títulos tengan un dueño fijo. El caso particular de Suecia sirve de ejemplo para explicarlo. Desde el inicio de siglo se han alternado los clubes que han ganado la Allsvenska con nueve nombres diferentes en los últimos doce años: Halmstads, Hammarby, Djurgårdens, Malmö, Elfsborg, Göteborg, Kalmar, AIK, Helsingborgs. Sin embargo, el fútbol sueco está en decadencia y quizás aquel cruce en Champions en 1999 entre AIK Solna y FC Barcelona fue el inicio de su crisis. Por lo que se aprecia, competitividad no es sinónimo de estadios llenos ni de equipos con estrellas en su plantilla sino de principal fuente de exportación de jóvenes talentos a bajo coste.

Siete campeones ligueros en los últimos siete años puede ser un aliciente para los aficionados pero, al mismo tiempo, reclama a gritos la presencia de una figura superior. Uno o dos referentes a los que batir y contra los que luchar de manera continuada y que garantice la presencia en Europa más allá de las rondas previas. Un motivo por el que los jugadores de calidad quieran quedarse, ya que en cuanto un equipo gana un título se encienden las alarmas de los principales ojeadores de las países cercanos. Ni el reparto televisivo ni lo conseguido gracias al campeonato impide que las entidades necesiten dinero. La mejor forma de obtenerlo es deshaciéndose de sus figuras, a las que no pueden retener cuando otras ligas más atractivas llaman a sus puertas con un sueldo superior.

El traspaso de futbolistas es inevitable, sobre todo hacia Dinamarca, con un nivel de fútbol similar al sueco pero con un interesante punto a su favor: el “impuesto de artistas”. El sistema tributario danés es más atractivo y beneficia a los jugadores extranjeros reduciendo la tasa que se les grava del 50%, en su país, al 25%. Es éste, otro de los motivos por los que ante el éxodo masivo no puedan nutrirse de jugadores adoptivos. Para que el fichaje recaudara el mismo salario tendrían que pagarle más del doble, algo inviable.

Queda patente que al igual que para los equipos españoles la cuestión económica es un problema y un lastre, para los de Suecia también lo es por mucho que se releven los campeones. Incluso su situación llega a ser extrema cuando, en el mejor de los casos, ingresan un millón de euros anual por derechos de retransmisión o ven cómo la mayoría de los estadios no pertenecen a los clubes y son incapaces de hacerlos propios. Tampoco sería posible la llegada de un inversor multimillonario del estilo Abramovich en el Chelsea o Al Thani en el Málaga, puesto que el 51% de cada club pertenece a los socios según la normativa del país. Ceder en este punto implicaría que los aficionados pudieran quedarse sin voz dentro de sus equipos y de ahí que se nieguen a cambiar dicha norma. Prefieren mantener la austeridad de una liga con poca proyección y repercusión mundial, pero competitiva, a propiciar la existencia de un club que cuente con los fondos necesarios para subsistir en competiciones europeas de manera perenne.

Trasladar ese debate a nuestro país implicaría preguntarle al señor Del Nido si prefiere que el Sevilla tenga más opciones de obtener títulos nacionales por igualdad entre equipos o mantener la situación actual y que le permitió, en su momento, vender José Antonio Reyes por 30 millones de euros al Arsenal, gracias a la trascendencia de nuestra liga y la participación europea de los clubes.

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