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Sevilla: Perotti, mala suerte o fracaso

25 diciembre 2011

En dos años, la vida de un futbolista puede cambiar radicalmente de rumbo. Se puede pasar de querer abandonar el fútbol a entregarte a él. De jugar en Segunda B argentina a Primera española. De ser un desconocido en tu país a vestir la albiceleste con la Selección absoluta. De un año en blanco sin tocar el balón a ser convocado por Maradona y sustituir al mismísimo Messi ante España. De sufrir porque la complexión física es vital para algunos a comprobar que para los grandes genios no fue un obstáculo ( Maradona – 1.66, Leo Messi – 1.69). De soñar a hacer realidad. Sin duda, la biografía de Diego Perotti podría resumirse perfectamente en estas líneas ya que se trata de la historia de superación de un niño condicionado por la sombra de su padre y de cómo el esfuerzo, sacrificio, constancia y lágrimas, muchas lágrimas, hicieron posible la recompensa final. Su obra aún está inacabada, con 23 años le queda un largo futuro que construir y en el que su pasado no dejará de estar presente para valorar la diferencia entre lo que pudo tener y lo que ha conseguido ser.

Desde el mismo momento en que nació, Perotti estuvo predestinado a dedicarse al fútbol. Ser bautizado con el nombre de Diego como homenaje personal que quiso darle su padre, Hugo Osmar Perotti, a su gran amigo y compañero Diego Armando Maradona hace presagiar cuál será el centro de su vida. Siendo alevín ingresó en la academia de Boca Juniors y comenzó su calvario. En aquella escuela todos tenían muy presente a su progenitor como referente del club entre los años 70 y 80 con Miguel Ángel Brindisi, Osvaldo Escudero, Roberto Mouzo o el Loco Gatti en la plantilla. De hecho, fue el propio Hugo el autor del único gol ante Ferro que les proporcionó el campeonato de 1981 en la Bombonera. Todo unido hizo que desde su primer día a Diego se le colgara el cartel de “hijo de” sin que se lo pudiera quitar por mucho que lo intentara.

Perotti Foto:lainformacion.com/EFE

Fue un lastre que ayudó a su malestar dentro del equipo. El trato personal recibido distó mucho del que debe recibir un niño a esa edad. No guarda amigos de entonces ni ningún buen recuerdo. Solo siente el rechazo, las escasas oportunidades que le brindaron, la desconfianza y el continuo reproche por un físico que consideraban inapropiado para la práctica del fútbol. Comportamientos poco pedagógicos para un niño con ilusión que volvía a casa llorando por impotencia tras los entrenamientos. La experiencia fue tan desagradable que se planteó seriamente apartarse definitivamente del fútbol. Y lo hizo. Un año entero estuvo sin pisar un campo, se centró en los estudios y trató de olvidar su castigo.

Durante aquellos doce meses reflexionó sobre lo sucedido y aprendió que siempre tendría presente su paso por Boca, sin arrepentirse, para hacerse una promesa: “nunca más dejaré que nadie me haga sentir mal de nuevo”. Con la mente fresca y pasada la tormenta comprendió que había vida más allá de aquel equipo. Libre y con la ficha en su mano recuperó las ganas de saltar de nuevo al campo. Se presentó a las pruebas para la cantera del Club Morón y se quedó. Allí descubrió que podía tener todo lo que no le dieron en Boca: confianza, educación y amigos. Jugó un año en las categorías inferiores pero pronto Salvador Daniele le dio la oportunidad de subir a la primera plantilla. Junto a veteranos de más de 30 años encontró el apoyo y comprensión que añoraba, además de las bases futbolísticas sobre las que empezar a madurar. Poco a poco fue ganando seguridad y eso se tradujo en demostrar el talento que poseía. En 2007 se produjo el gran punto de inflexión en su carrera.

En Morón estaba destacando y los asesores de Hugo Tocalli, seleccionador de los sub 20 argentinos, tenían los ojos puestos en él. Disputó varios partidos durante un torneo en Chilecomo preparación para el Mundial de Canadá en la categoría, al que finalmente no fue convocado, y es cuando el Sevilla FC se fija en él. A la secretaría técnica le llamó a atención que si un chaval de un equipo de inferior nivel estaba en la selección rodeado de tanta estrella era porque no desentonaría y tendría mucho que ofrecer. Solo necesitaron los cincuenta minutos que le brindaron en aquella competición para que se iniciara el examen exhaustivo de sus actuaciones con Morón. Además de su desparpajo, regates y velocidad, al club hispalense le llamó la atención su personalidad y capacidad de liderazgo.

Cuando Perotti recibió la llamada del Sevilla FC no se lo pensó y dio el salto al Viejo Continente para unirse al Sevilla Atlético en segunda. Con Manolo Jiménez de entrenador siguió creciendo como futbolista pero sobre todo como persona. Las virtudes de Diego con el balón, su habilidad para centrar y regatear, la eficacia de sus centros y la facilidad para acuchillar por la banda izquierda provocaron que, poco más de un año después de aterrizar en Sevilla, debutara con el primer equipo. Un ascenso meteórico que se ha visto frenado en las dos últimas temporadas debido a sus continuas lesiones. La falta de continuidad en su juego impide que alcance el nivel que se espera de él y que ha ido demostrando intermitentemente.

Él no quiere ser una bombilla que parpadea sino la fuente inagotable de luz para el sevillismo. Todos los entrenadores que han pasado por el vestuario han contado con él, desde Manolo Jiménez a Marcelino pasando por Antonio Álvarez y Gregorio Manzano, recuperando la titularidad en cuanto ha recibido el alta. Pero no es suficiente. A Perotti aún le queda para volver a convertirse en el jugador decisivo que llegó a ser cuando en mayo de 2009, ante su público y contra el Deportivo de la Coruña, anotó en el minuto noventa el gol de la victoria que proporcionó al Sevilla el pase a la Champions.

De nuevo está lesionado, de nuevo debe empezar desde cero su puesta a punto. Seguramente, cada vez que cae viene a su mente la historia de su padre: retirado a los 26 años por una lesión en la rodilla derecha tras mostrar un juego pobre y sin el rendimiento esperado. Él no quiere seguir sus pasos, lo demostró abandonando Boca. Diego Perotti quiere escribir la suya propia, luchando contra adversidades y sobreponiéndose a las lesiones. 2012 será un año decisivo, consolidación o estancamiento definitivo.

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