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Los Ivanov, una historia familiar unida por el fútbol

25 diciembre 2011

El fútbol está lleno de historias de padres, hijos, hermanos y abuelos que viven por y para este deporte. Familias enteras que se han calzado las botas para desempeñar el mismo papel sobre el campo. El relato de Valentín Kozmich Ivanov y Valentín Valentinovich Ivanov se diferencia de los demás en un pequeño detalle: un silbato. El primero, padre del segundo, fue uno de los goleadores de la URSS que alcanzaría la Eurocopa de 1960. El hijo eligió el camino del arbitraje siendo uno de los colegiados más prestigiosos del fútbol ruso, aunque no exento de polémica.

Valentín Kozmich Ivanov fue un referente en su época. Durante los años 50 y 60 lideró con sus goles tanto su equipo, el Torpedo de Moscú, como su selección. Su trabajo se vio recompensado innumerables veces a nivel individual (Bota de Oro por la FIFA como máximo anotador en la Copa del Mundo 1962) y en conjunto (Mundiales de 58 y 62, título Olímpico en Melbourne 56) demostrando que la URSS estaba bien representada en sus extremos: en la portería con Yashin y en el ataque con Ivanov.

No se puede hablar de aquella selección sin mencionar su paso por la primera Eurocopa. Mientras la Copa América había sobrepasado la mayoría de edad, en el Viejo Continente aún no se había celebrado ningún campeonato similar. En 1960 y sin que la política quedara al margen, la Unión Soviética iba traspasando las diferentes barreras hasta llegar a la final. En cuartos debían enfrentarse a la España, favorita al título, de Di Estéfano, Suárez y Gento pero Franco negó la entrada de la selección a territorio soviético y quedó eliminada por incomparecencia. En Semifinales, Valentín fue héroe del partido anotando dos de los tres goles ante Checoslovaquia y en la final, aquel terrible equipo compuesto por Yashin, Netto, Ponedelnik, Voinov, Thekheli, Ivanov, Krutikov, Bubukin, Maslenkin, Metreveli y Meskhi, consiguió remontar logrando su primer y único título, incluso después de su disolución.

Valentín Ivanov, hijo, escogió el arbitraje como profesión. A sus 51 años tiene un amplio currículum internacional que lo ha convertido en uno de los mejores árbitros rusos yelegido como representante de su país en el Mundial de Alemania. En octavos de final tuvo que enfrentarse a una auténtica batalla entre Holanda y Portugal en la que no lo quedó más remedio que enseñar 16 tarjetas amarillas y cuatro rojas, récord en la historia de los mundiales, sin que aquellos castigos frenasen la dureza del juego. Una leve mancha en su trayectoria que no le impide ser recordado junto a su padre como uno de los principales protagonistas del fútbol ruso aunque de diverso modo pero de igual relevancia.

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