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España – Malta, doce bolas negras

21 diciembre 2011

21 de Diciembre de 1983. Las campanadas que anuncian el comienzo del Año Nuevo se habían adelantado unos días para sonar al ritmo de los goles de Santillana, Rincón, Maceda, Sarabia y, por supuesto, de Señor. La Puerta del Sol de Madrid se trasladó aSevilla, al Benito Villamarín, donde miles de voces celebraban con júbilo la gran proeza de la selección española: la clasificación para la Eurocopa de 1984 gracias a los once tantos de diferencia que necesitaba. España hasta aquel momento solo contaba con la plata de Amberes 1920, la victoria ante Inglaterra en el Mundial 50 y el triunfo sobre laURSS en la Eurocopa de 1964, por lo que aquel triunfo sería el punto de partida de la sublime trayectoria que le llevaría a ganar la Eurocopa 2008 y el Mundial 2010.

España-Malta

Tras la decepción del Mundial 82Miguel Muñoz tomó el mando de la selección española con renovación del equipo incluida. Se deshizo de los jugadores que estaban heridos por el fracaso mundialista: López Ufarte, Juanito, Alexanco, Zamora, Satrústegui o Tendillo pero mantuvo a Camacho, Gordillo, Arconada, Santillana, Gallego yMaceda. Además, contaba con Víctor que se había perdido el campeonato por estar lesionado. A éstos incorporó una nueva generación de futbolistas encabezada porGoikoetxea, Sarabia, Rincón, Señor, Roberto, Francisco, Carrasco Julio Alberto.

Sacar, meter y unificar para obtener como resultado un conjunto más fresco y veloz, con aprovechamiento de las bandas y cuya vocación ofensiva dejaba en evidencia al acartonado equipo de José Emilio Santamaría. Al tratarse de un combinado en construcción y con el listón por los suelos, tras la última actuación en competición internacional, poco se esperaba de ellos. En la fase de clasificación para la Eurocopa de 1984 mostraron altibajos en los resultados que les llevaron a tener que jugárselo todo en el último partido. Una utópica victoria por once goles de diferencia solo podría salvarles de un nuevo revés.

Los once goles se presentaban como un hecho factible por los futbolistas y el seleccionador. Sin embargo, el juego de la primera mitad congeló su optimismo sin que afectara a la afición del Villamarín ni a sus ganas de luchar. Santillana inauguró el marcador pero el tanto deMalta sentó como un jarro de agua fría al tener que empezar desde cero con media hora ya disputada. Antes del descanso se anotaron dos goles que acercaban al resultado sin ofrecer una perspectiva halagüeña. La segunda mitad empezó con fuerza gracias a los dos goles de Rincón en quince minutos, que darían lugar al deleite ofensivo de los venideros. La escasez técnica de Malta provocó que se encerrasen en su campo mientras los españoles transformaban en gol cada jugada que iniciaban. Tres goles, dos de Maceda y uno de Rincón, en dos minutos fueron determinantes para que llegara el 8-1 jugando con dos defensas – Camacho y Goikoetxea.

Señor, al que Muñoz había alineado como falso lateral derecho, actuaba de extremo mientras Maceda se había convertido en un delantero más. Por la izquierda llegaba Gordillo como extremo y Víctor permanecía como mediocentro. Arriba se acumulaban Sarabia, Rincón, Santillana y Carrasco. El único que no tenía trabajo era Buyo que se había convertido en un espectador más. Pero el marcador no se movía. Casi un cuarto de hora y el 8-1 continuaba esperando sumar un nuevo gol español. Y se resistió hasta que llegó el noveno, de Santillana, cuando empezaba a asomar el final del encuentro. Solo necesitaron cinco minutos más para hacer realidad el sueño. Rincón y Sarabia actuaron de teloneros del héroe de la noche: Señor, autor del gol número 12, el gol de nuestro destino.

El 12-1 fue un hecho tan inverosímil que pronto sería cuestionado. Produjo tal nivel de indignación en Holanda que no faltaron las acusaciones de fraude y un intento de que la UEFA anulase el encuentro. El desarrollo del partido demostró que no hubo acuerdo con Malta, un país con un fútbol inferior y amigo de las goleadas (Holanda 0-6 y 8-0 Irlanda). El luto holandés por aquel resultado se vistió con la simbología navideña: los árboles que adornaban todas las casas portaban doce bolas negras, una por cada gol español que evaporó su ilusión.

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