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Cha Bum-Kun, el imparable surcoreano

15 diciembre 2011

Si grandes referentes del fútbol como Alex FergusonLothar MatthäusJürgen Klinsmann Michael Ballack coinciden en las innumerables virtudes de un jugador, es que debe ser muy bueno. Si, además, se trata de alguien capaz de triunfar en un país con mentalidad antagónica al de procedencia en una época en la que fichar a un extranjero estaba mal visto, entonces se trata de una leyenda. Cha Bum-Kun aún hoy día es recordado como uno de los mejores futbolistas asiáticos de la historia. Hasta su aparición en la Bundesliga, Corea del Sur había pasado prácticamente desapercibida en este deporte y todos los que le han relevado no han podido igualarle, ni su propio hijo: Cha Du-Ri.

Cha marcó una época en los años ochenta al derrochar su avispado talento tanto en laBundesliga como en la UEFA. Destacó por su potente disparo, su innata velocidad y su sed insaciable de gol, peculiaridades que lo encumbraron como el mejor goleador extranjero enAlemania. Desde sus inicios en el Korean Air Force despertó el interés de los expertos europeos. Mientras jugaba en el equipo del ejército del aire y sin que él lo intuyera, el país germano llevaba siguiéndole prácticamente desde su debut y querían aprovechar el buen estado de forma del fútbol alemán para añadir un toque exótico que los diferenciara del resto, aunque fueran cuestionados por los puristas.

Sin haber cumplido la veintena y siendo un universitario más, ya había sido llamado por la selección nacional. Supuestamente, el primer equipo que le obligó a abandonar su país en 1978, año en que fue proclamado mejor jugador coreano, fue el SV Darmstadt, convirtiéndose de esa forma en el primer coreano en jugar en la Bundesliga. El destino y más concretamente su deber para con el país propició su regreso a Corea para cumplir con el servicio militar. Al año siguiente, Friedel Rausch lo cazó oficialmente. El técnico delEintracht Frankfurt quería incorporarlo de inmediato a sus filas. Como él reconoció en su momento: ningún otro jugador había conseguido conquistarle tan rápido como Cha Bum-Kun pero era necesario que fichase aquel primer año por otro equipo para contemplar en un segundo plano las reacciones de los aficionados alemanes. Con el acuerdo bien tapado, el Eintracht no se ensuciaría las manos pero les encumbraría al fichar a una estrella aún por brillar en Europa.

Cuando Rausch comprobó en primera persona el talento de Cha supo que todas sus facultades serían imprescindibles para cumplir los objetivos del club. Y así fue. Se convirtió en un jugador de vital importancia para la consecución de la Copa de la UEFA de 1980. ElBorussia Mönchengladbach de Lothar Matthäus caía en la final a doble partido y gracias al valor de los goles anotados fuera de casa. Cha-Boom, como le apodaron por la sublime potencia de sus disparos, obtuvo los galones de mejor hombre del Eintracht, ganó la Copa en el 81 y firmó el tercer mejor contrato de la Bundesliga.

Cha Bum-KunCinco temporadas después del inicio de su periplo europeo fichó por el Bayer Leverkusen. Los goles aumentaron en proporción a la sombra alargada de su leyenda. Sobre todo cuando una nueva jornada de UEFA llamó a su puerta para hacerlo héroe, desgraciadamente perjudicando a un equipo español. Una cálida noche de mayo en el Ulrich-Haberland-Stadion se disputaba la vuelta de la Final frente al Espanyol. El camino de ambos hasta aquel día fue bien distinto. Los alemanes hicieron fuerte su casa sin regalar puntos ni encajar goles. Austria de Viena, Toulouse, Feyenoord, FC Barcelona y Werder Bremen sucumbieron ante su juego. El equipo de Javier Clemente no tuvo la misma contundencia con sus rivales aunque logró expulsar al Borussia Mönchengladbach, Milan de Sacchi y al Brujas en Semifinales. El 3-0, con goles de Losada y Soler, de los periquitos en la ida contra el Bayer Leverkusen daba prácticamente por sentenciada la eliminatoria.

Quedaba el segundo partido en el que a falta de diez minutos para el final del encuentro el marcador global indicaba un 3-2 a favor de los españoles. Fue entonces cuando Cha-Boomemergió con su mítico 11 a la espalda en una falta que se lanzó desde la derecha. El balón traspasó el cielo y puso en vilo los corazones de todos los que presenciaban el encuentro. La cabeza del coreano apareció por encima de las demás logrando impactar con el balón y hacerlo chocar contra la portería. Era el pase a los penaltis y de ahí a que el Leverkusen alzara una nueva Copa de la UEFA con un nombre propio de ojos rasgados. Cha había traspasado el umbral que diferencia a los talentosos de los valientes, había escrito una parte de la historia del fútbol alemán, la del coreano y, por supuesto, de la suya propia

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