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Rinat Dassaev, el portero que cruzó el telón de acero

4 diciembre 2011

Se acerca el mercado invernal y las carteras empiezan a desenfundarse para comprar joyas a precios de saldo. Hoy día es impensable hablar de fútbol sin los fichajes desde cualquier lugar a cualquier equipo. No siempre fue así. Hubo una época, no demasiado lejana, en la que traer jugadores de determinados países era un codiciado tesoro no apto para todos los públicos. El traspaso de Rinat Dassaev por doscientos millones de pesetas fue uno de ellos.

Hay un antes y un después en la vida del sucesor de Lev Yashin en la portería soviética. Sus años en el Spartak de Moscú y su actuación en la Eurocopa de 1988 le proporcionaron reconocimiento internacional al ser elegido por la FIFA como el mejor portero del mundo. Con semejante currículum era de esperar que los principales clubes se lo rifaran. El Sevilla FC apostó fuerte y ganó. Las negociaciones fueron complejas ya que nadie se atrevía a tomar la decisión de permitir salir al futbolista más destacado del país. No solo por dejar escapar a alguien tan carismático y líder de la selección sino porque se convertiría en el primero en cruzar el Telón de Acero para jugar en Occidente.

La cúpula del sevillismo de finales de los ochenta se implicó por completo en el fichaje.Rosendo Cabezas, José Ramón Cisneros y, el propio presidente, Luis Cuervas no querían que se les escapara. Tras duras semanas de negociaciones, viajes y reuniones con el Soviet Inter Sport, debían conseguir la firma del presidente del Spartak y la del ministro de Deportes. Los futbolistas no eran libres sino propiedad del Estado y la operación debía tener el beneplácito de todos para poder llevarse a cabo. De no ser por sí de Mijaíl Gorbachovaún estarían deliberando sobre el futuro de Dassaev. Era la primera vez que el gobierno soviético facilitaba la salida de un futbolista de primer nivel. Este hecho coincide con la apertura exterior del régimen comunista y la perestroika toma cuerpo con uno de los principales estandartes del deporte en la URSS.

Rinat se convertía en ídolo de los sevillistas y referente en una nueva era para un régimen soviético que empezaba a mostrar goteras. De hecho, cuando se disolvió la Unión Soviética el club dejó de pagar porque no sabía a quién debía hacerlo. Con más nombre que físico, ‘Rafaé’, como le llamaban en la ciudad hispalense, presidía la portería en el ocaso de su carrera. Como bienvenida se disputó un amistoso entre Spartak de Moscú y Sevilla en el que jugaría cada mitad con un equipo diferente. Era peculiar. Desafiando a la superstición, no se cortaba cuando se enfundaba la elástica amarilla. Por mucho que sus compañeros de vestuario trataron de explicarle el significado de ese color, él hacía oídos sordos.

Dassaev y Polster, SevillaEste fichaje supuso una brillante estrategia de marketing por parte del Sevilla. Sería titular incluso antes de haber desembarcado en España sin importar que sus reflejos empezaran a oxidarse. Con todo, seguía mostrando seguridad bajo palos y buena colocación aunque él mismo era consciente de que se alejaba de aquellos registros que le permitieron abandonar su país. El punto de inflexión y decadencia en su carrera se produjo en enero de 1989 en un partido ante elLogroñes. Coincidía con la Liga de Polster, la parejaConte-Carvajal y una de las temporadas de mejor fútbol conCantatore en el banquillo. Su trayectoria profesional finalizó dos años después de llegar a Sevilla, dejando su plaza libre para fuera ocupada por el fichaje de una nueva estrella: Iván Zamorano. Quiso seguir ligado al club como entrenador de porteros, lo que le permitiría conocer a Monchi con quien compartiría innumerables anécdotas en una bodeguita junto a Unzué, Andrade o Conte. Su vida extradeportiva hizo que su leyenda creciera. La curva Dassaev lleva su nombre por el accidente, repetido por partida doble, en el que su vehículo se precipitó al foso que rodea la antigua Fábrica de Tabacos de Sevilla. La primera vez fue sancionado con la retirada del carnet de conducir y en la segunda la fractura de varios dedos de la mano derecha y una herida en el párpado.

Aunque en el Sevilla no fue reflejo de aquel felino portero que maravilló al mundo en la Eurocopa, dejó una huella imborrable. Su carácter sencillo y su humildad aún se recuerdan con añoranza en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Mientras tanto él sigue ligado al fútbol, tras haber fundado la Academia Internacional de fútbol y porteros Rinat Dassaev, y recordando el gol que más le dolió recibir: el de Van Basten en la final del 88.

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