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Michael Nybrandt, un sueño hecho realidad

8 septiembre 2011

Mientras muchos aficionados al deporte rey estaban desolados por la muerte del mago Helenio Herrera, otros lloraban la despedida de Maradona de los terrenos de juego y algunos miraban con expectación el debut de Diego Forlán. Corría el año 1997 y, en el otro extremo del mundo, ajeno a todo este caos existencial, un joven danés con ganas de cambiar su destino recorría Nepal y el Tíbet. 

La historia de Michael Nybrandt comienza durante una de sus acampadas en las montañas tibetanas, cuando trataba de encontrarse a sí mismo gracias al budismo. En una de aquellas noches a la intemperie, cuando todos dormían, despertó con una imagen en la mente. Se vio a él mismo como seleccionador Nacional del Tíbet. En aquel momento, su visión quedó en una mera anécdota. Poco tiempo después, a su regreso a la vida normal, su carrera profesional quiso que volviera a recordar aquel espejismo. Sin otra intención que rellenar un formulario para entrar en ‘Kaospiloterne’ y demostrar el buen sentido del humor ante sus compañeros, escribió como objetivo personal aquel romántico sueño. Fue entonces cuando se preguntó qué le impedía hacerlo realidad, o al menos intentarlo.

Sin perder más tiempo, se puso en contacto con el gobierno de refugiados tibetanos, les presentó su idea y quedó sorprendido con la buena acogida recibida. Su ilusión no era solamente entrenar a un equipo. Pretendía construir la Asociación Nacional de Fútbol del Tíbet para que se convirtiese en una nueva fuente de ingreso para los clubes, un lugar donde entrenar a los técnicos y la mejor forma de sentar las bases para el desarrollo sostenible del fútbol. Sin embargo, a pesar del apoyo obtenido, sabía que le quedaba por delante la ardua labor de lidiar contra la gran potencia china. Tras años de conflictos, tensiones y opresión entre los países, suponían que Nybrandt llevaba un trasfondo político en toda su actuación. La respuesta de Michael fue contundente: “Todo esto lo hago por amor al fútbol”. 

No sería el único contratiempo con el que se cruzaría. Una vez elegido como el hombre perfecto para el puesto de seleccionador, debía escoger sus jugadores. Una complicada misión que se alargaría durante meses por la falta de recursos y de candidatos. El grupo inicial de seleccionados estaba formado en su mayoría por ganaderos de la llanura Dharamsala, sede de las asociaciones de los tibetanos en exilio. No eran profesionales y su raquítico físico se alejaba del futbolista que conocemos hoy día. Prueba de ello eran los pilares del equipo: un jugador con dolorosas heridas en la espalda provocadas por el ataque de un león y el capitán, de 42 años y manco tras sufrir un accidente cuando era paracaidista militar.


Ya tenía equipo pero le quedaban aún por solventar dos cuestiones: encontrar patrocinador que les vistiera y buscar rivales contra los que medirse. Las principales marcas de renombre se opusieron tajantemente a dar su apoyo por miedo a las represalias de sus proveedores chinos. Finalmente, Michael Nybrandt se puso en contacto con Christian Stadil, director general de hummel, quien captó de inmediato la idea y congeniaron gracias a su interés común por el budismo. Juntos decidieron hacer algo diferente a lo visto hasta el momento en los patrocinios del mundo de la ropa deportiva. Para la marca danesa, su   ‘Company Karma philosophy’

es algo más que donar dinero para la caridad. De ahí que diseñaran equipaciones que no se vendieran en las tiendas de fútbol tradicional sino es tiendas selectas de moda, puesto que la solidaridad no debe alejarse del negocio con el que sustentarla.

Mientras buscaban una selección que tampoco fuera miembro de la FIFA contra la que realizar su debut oficial, jugaron un par de amistosos en Khatmandú. Una derrota y un empate sirvió para recibir un mensaje de apoyo del propio Dalai Lama con el que reconocía el buen trabajo que estaban haciendo por el fútbol y el Tíbet. Nybrandt consiguió contactar con el Secretario General de la Confederación de Deportes de Groenlandia, Jens Brinch, a quien le pareció una excelente idea y acordaron jugar un partido en Dinamarca. Sin embargo, el gobierno chino jamás lo aceptaría e hizo todo lo posible por evitar que el encuentro se disputase. De hecho, comunicaron al Ministerio de Asuntos Exteriores y la Asociación de Fútbol Danesa que tomarían medidas contra ellos si llegaban a acoger el amistoso. E incluso amenazaron con cerrar las fronteras a los 20 millones de dólares que cada año acordaba con Groenlandia. Ambos países dejaron clara su postura: Solo se trataba de fútbol, no había política por medio.


Cuatro años habían pasado desde aquel primer sueño de Michael. Nunca imaginó que, en una perfecta y calurosa tarde de julio de 2001, más de 5.000 espectadores llenaran el estadio de Vanløse para presenciar el partido entre las selecciones nacionales de Groenlancia y el Tíbet. En el banquillo tibetano, con la ilusión de un niño, el entrenador Jens Espensen. Era más que un amistoso, eran testigos de un acontecimiento histórico. Aunque ninguna de las selecciones pudo alzar sus banderas mientras sonaban los himnos, el mosaico que formaron los aficionados en las gradas suplió con creces la ausencia.  El resultado, derrota tibetana por 4-1, fue secundario. Lo importante fue demostrar que los sueños pueden hacerse realidad si se persiguen. De ello fueron confidentes no solo los que mostraron su apoyo en el estadio, sino las cientos de personas que pudieron seguir el encuentro a través de la CNN, BBC y numerosas radios que no quisieron perderse el gran acontecimiento.

A día de hoy, la selección tibetana sigue creciendo sin alejarse de la base sobre la que empezó a construir Michael Nybrandt. En 2003 los directores daneses Rasmus Dinesen y Arnold Krøigaard rodaron el documental:   “El equipo prohíbido – La historia de la selección nacional sin país” donde se cuenta todas las dificultades que sufrieron los tibetanos en la creación de su selección y en el que también participaría Jens. Queda mucho camino por delante, el siguiente paso será convertirse en nación independiente de China para el fútbol. Hong Kong y Macao ya lo han conseguido y esto mismo debe pasar con el Tíbet.

Fuente: hummel y Michael Nybrandt

From → Fútbol

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