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Sigue habiendo Liga

28 febrero 2011

Echemos la vista atrás y trasladémonos por unos instantes a finales de los 80 y principios de los 90. El “dream team” de Cruyff era el referente. Con personalidad propia, había conseguido formar un bloque indivisible cuyas piezas encajaban gracias a un eje vital. Un líbero de construcción, un centrocampista técnico de contención, un creador capaz de convertir la defensa en un ataque con rapidez y un goleador.

Los nombres propios no podían ser otros que Ronald Koeman, Pep Guardiola, Michael Laudrup y Hristo Stoichkov. Si a éstos les añadimos sus medias naranjas con las que compenetrarse sobre el césped, vienen a la memoria Zubizarreta, Bakero, Goikoetxea, Beguiristain, Nadal, Salinas, Eusebio o Ferrer, artífices de la mejor temporada del Barça de la época.

Fueron ocho los años que duró esta estabilidad, durante los cuales el Real Madrid había ido probando numerosos entrenadores que consiguieran la fórmula que le llevara a saborear títulos como los del eterno rival. ¿Quién no recuerda a Toshack, di Stefano, Antic, Beenhakker, Floro, Valdano o Arsenio Iglesias en el banquillo merengue? De todos ellos quiero quedarme con uno: Jorge Valdano. Junto a Floro, fue el que más tiempo duró al mando del vestuario. A pesar del título de liga, fue destituido meses después tras una derrota ante el Rayo Vallecano. Sin embargo, en el Real Madrid dejaría un legado que sería el alma del madridismo durante años. No es otro que Raúl González Blanco. Su mentor lo descubrió en un amistoso contra el Karlsruhe y le hizo debutar con 17 años ante el Zaragoza. Desde ese instante su carrera no hizo más que subir, ayudado por la marcha de Zamorano y la retirada de Butragueño.

De las botas del eterno 7 nacieron más de trescientos goles en más de setecientos partidos. Números que marearían a cualquiera si añadimos a su currículum 6 Ligas y 3 Champions entre otros. Elenco de premios que empiezan a acumular polvo en las vitrinas del Santiago Bernabéu. Hace mucho que el Real Madrid se ha alejado de su identidad. De la casta, garra, elegancia, caballerosidad y hombría sólo queda el nombre. El blanco, siempre será un club grande, por todo lo que ha ganado en su historia pero esa historia hay que mantenerla y alimentarla con más títulos. Ése es el principal objetivo del Florentino Pérez: devolver alegrías al madridismo a través de copas al final de temporada. Con los actores de reparto que actualmente pueblan el vestuario sería fácil conseguirlos, de no ser porque debe lidiar contra su fiel rival. La historia tiende a repetirse y ser cíclica. Actualmente, la superioridad del Barça es patente como lo fuera la de aquel “dream team”. Tras el partido contra el Deportivo de la Coruña, el acordeón vuelve a expandirse hasta los 7 puntos. Distancia, de momento, no definitiva para dar por perdida la Liga. El problema es que en Riazor se fueron dos puntos tras noventa minutos de lucha insaciable. La búsqueda del gol en cada jugada era una obviedad. El encuentro arrancaba con claro dominio merengue y se planteaba como uno de los mejores jugados por los chicos de Mourinho en lo que va de temporada. No hubo gol. Con toda la artillería sobre el césped, por muchos intentos de Cristiano, Özil o Benzema no hubo suerte. Como se suele decir, cuando la redonda no quiere entrar, no entra.

Seguramente, si en una de esas oportunidades en las que el balón rozó el palo, Aranzubía ejerció de porterazo o se alejó del arco hubieran entrado, el rumbo del encuentro habría sido otro. Pero insisto en que no entró. La delantera del Madrid se fue seca y con un árido desierto en el marcador. Volvió a quedar patente que atrás quedan esos goles ‘in extremis’ que Raúl, el que ahora sigue anotando en el Schalke tanto en la Bundesliga como en Champions, marcaba con fortuna, azar y casi sin merecerlo. No voy a entrar a cuestionar a Benzema, ese gato camaleónico que en partidos clave se convierte en el perro de caza preferido por Mourinho pero que en otros, como contra el Depor, se transforma en un inocente y poco certero ratón de ciudad. El tema de debate es otro. ¿El Real Madrid debe olvidarse de la Liga? Mi respuesta es rotunda: NO. Queda mucho por delante, partidos claves para ambos. Los blancos siguen un escalón por debajo del Barça y la única forma de superarles no es esperar a que se acabe su ciclo, como ocurriera con el dream team, sino ganar con contundencia y solvencia todos los choques que restan y confiar en los pequeños tropiezos que tambaleen la estabilidad del conjunto de Pep. Vuelve a ser vital el partido del Bernabéu. Si quieres superar a tu enemigo debes ganarle en la lucha directa, de otra manera los títulos tienen un sabor amargo.

 

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