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Autoexpulsión

28 febrero 2011

Corría el año 1974 y en liga debían enfrentarse Athletic Club y FC Barcelona. El 24 de marzo de aquel año se veían las caras dos jugadores antagónicos. De un lado, Ángel María Villar, actual presidente de la Real Federación Española de Fútbol y que por aquel entonces militaba en el club bilbaíno como indiscutible en el centro del campo, cuyo destacado y valorado trabajo se vio recompensado con su paso por la selección. Del otro lado, Johan Cruyff en su primera temporada en el Barça y centro de todas las miradas en cualquier campo que pisaba.

El papel de Villar en ese partido no era otro que cortar las apariciones de Cruyff. El marcaje era al milímetro y las primeras reacciones entre ambos se notaron mediante forcejeos e intercambio de palabras hasta que llegó el momento por el que se recuerda aquel encuentro. Allá por el minuto 36, Ángel María le propinó una bofetada a Cruyff que dejó perplejos a sus compañeros, árbitro y afición. La reacción fue inmediata y Villar se fue directamente al túnel del vestuario sabiendo que su actuación era de roja directa, sin que a Soto Montesinos le hubiera dado tiempo a sacársela. San Mamés aplaudió el autocastigo de su jugador, quien supo que no había obrado bien y, en consecuencia, merecía la amonestación. Fueron cuatro los partidos que tuvo que perderse. Durante ese tiempo prefirió alejarse de toda la polémica y de las declaraciones de Cruyff hasta que se estabilizara la situación. Sus compañeros le mostraron su apoyo pagando entre todos la multa que le pusieron. Sin embargo, la mancha no se borraría fácilmente y quedaría marcando su currículum.

Si nos trasladamos a nuestros días veremos cómo ese hecho sería impensable. Las entradas agresivas, intencionadas o no, a veces tienen su castigo cuando el árbitro ve la jugada. En otras, cuando consiguen burlar la atención del mismo, pasan desapercibidas o, en su defecto, acompañadas del teatro que suele protagonizar el artífice de la acción. Ya no se trata del hecho en sí sino de la posterior actuación y de la reiteración. Ninguno actúa como Villar, asume su error y se marcha del campo. Pretenden engañar y ensuciar la imagen de un deporte que debiera ser noble.

En el pasado choque entre Athletic y Valencia presenciamos la misma historia de siempre. Ya no es el hecho de la entrada en sí, con su premeditación, sino el comportamiento posterior o la reiteración de ese tipo de jugadas por ciertos futbolistas. En el caso de David Navarro, se trata del ejemplo perfecto que cumple cobardía y reincidencia. Ayer Javi Martínez y LLorente fueron sus víctimas. Él quedó retratado gracias al papel que protagonizó con su retirada en camilla simulando haber recibido un golpe que nunca existió. No es la primera vez que pasa y este jugador ya ha regalado a diversos compañeros entradas violentas a las que vuelve a recurrir siempre que el partido lo requiere. No sólo han sido Javi o LLorente como actuaciones aisladas, Messi, Figo o Burdisso recibieron su dosis con o sin balón.

Y seguirá ocurriendo. El problema radica en que, si el árbitro no lo ve y no hay castigo, el mismo club debería tomar cartas en el asunto y posicionarse. No hay que aplaudir este tipo de comportamientos, los haga David Navarro, Pepe, Javi Navarro o ponga el nombre que prefiera. No hay que aplaudirlos seas el forofo del equipo, el entrenador o parte de la directiva. Algún día habrá que lamentar sin que se pueda solucionar, pero entonces ya será demasiado tarde y seguiremos mirando hacia otro lado.

 

 

 

From → Fútbol, Lesiones, Liga

2 comentarios
  1. icesee permalink

    Para ver Teatro, prefiero ir a Gran Via. Estos hechos son lamentables los cometa quien los cometa y ya que en 1ª División siempre hay cámaras en los campos de juego, las “actuaciones” deberían ir acompañadas de partidos de suspensión. Supongo que eso ayudaría a los árbitros aunque algunos ni con la casi certeza de que no se hace teatro son poco imparciales y arbitran de una forma pésima y muy poco imparcial.

  2. chimoeneas permalink

    El fútbol es un deporte físico, de contacto, que se juega rozando las 200 pulsaciones y cuyos protagonistas son seres humanos. Es normal que haya entradas a destiempo, acciones que rocen la violencia y hasta se puede justificar que en determinado momento se pierdan los estribos y se cometa alguna barbaridad. Pero el fútbol, tal y como lo entiendo, debería ser un deporte de caballeros, de personas que se equivocan, pero que reconozcan sus errores y no traten de beneficiarse de ellos. Por eso me encantó la (muy bien traída) comparación entre Villar y Navarro: ambas acciones son igual de criticables, pero uno demostró ser un verdadero deportista y otro no.
    (No soy precisamente tu mejor lector, pero de los que he leído, este es el artículo que más me ha gustado… quizás porque hay cosas de historia… deformación profesional)

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