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Mourinho y su final de película

7 enero 2011

Las declaraciones y polémicas son inevitables tras cada partido jugado. Ya sea para hablar del beneplácito arbitral, de sus errores premeditados, de las malas decisiones sobre los que pisarán el césped o sobre los que calentarán el banquillo.

La otra cara del fútbol, la que menos tiene que ver precisamente con este deporte, es la que a día de hoy mueve la mayor parte del caudal informativo. Hablar de las posibles rotaciones que puedan hacerse en el centro del campo merengue entre Xabi, Lass, Khedira o Granero no tiene sentido.

 

Cuesta hacer una crítica constructiva cuando es más fácil atacar las debilidades de Alonso cuando pasa desapercibido por su juego oscuro contra el Getafe. Tampoco tiene sentido estudiar la evolución del ex-jugador del Stuttgart. Su papel en el anterior club y cómo una sucesión de casualidades -la lesión de Ballack, el excelente juego compenetrado alemán o las ansias de demostrar para mimar a su nueva casa- lo llevaron a brillar en el Mundial de Sudáfrica. Tras él, viene el auténtico cambio y el verdadero comportamiento que hay que valorar. Cómo se ha adaptado al Real Madrid, cuáles son sus posibilidades y qué papel debe desempeñar sobre el césped dependiendo de la pareja que tenga al lado. Aptitudes tiene para consagrarse como pieza clave en el conjunto de Mou. Sólo le falta ser más constante y tener disciplina al jugar. La que le pone en aprietos cuando no se encuentra con un partido físico y rudo, sino de toque y fútbol propiamente dicho. Ese escenario es precisamente el que más favorece al ‘pirata’ Granero. Los blancos juegan al fútbol cuando está inspirado y en frente tienen a un equipo que se presta al toque.
Mourinho tiene en sus manos un equipo repleto de contradicciones. Dos caras de una moneda que tiende a caer del lado bueno en la mayoría de las ocasiones. Es superior a los rivales, monta contras perfectas haciendo uso de la letalidad de Ronaldo, Özil y Di María. Crean juego y dan espectáculo. Pero eso no es suficiente para un conjunto que aspira a conseguir tres títulos. Hay carencias. Cuando el rival toma el control del se mueve como si lo hiciera en un terreno pantanoso. Cuanto más trata de salir a flote más se hunde. Las ansias y las prisas no son buenas consejeras.
Esta cara de la moneda fue la mostrada ante el Getafe. Los blancos con un 0-2 en el marcador se pensaban que ya tenían los tres puntos en su bolsillo. No tuvieron en cuenta la capacidad de reacción de los pupilos de Míchel. Con el tanto local aparecieron los apuros y fue el momento de poner en marcha las individualidades que aniquilan.

A este Real Madrid le queda mucho por aprender. De ello se encargará Mourinho quien continua con su pulso particular en busca del delantero que tanto añora. Lo necesita. Higuaín está K.O. y plantea un futuro incierto. Mantener la confianza ciega en Benzema es como andar por la cuerda floja sin red. El francés aún no ha demostrado nada. Los aficionados aún esperan a ese jugador con alma de líder capaz de darle la vuelta a los encuentros y ser guía del equipo hacia los triunfos. De momento, Karim es un jugador que cuando tiene un buen día los marca de tres en tres. Escasea la continuidad que requiere un delantero asesino en el club blanco. El que, independientemente del rival, ponga su sello de calidad en la firma del partido. Depender de un jugador así cuando se aspira a tanto te aleja del objetivo.

Suena como alternativa un pipiolo Morata. Como tal, tiene ilusión, entrega y mucho por aprender. Mourinho tiene razón, no está preparado. Pertenecer a la cantera y destacar sobre tus compañeros no es un acceso directo a la primera plantilla, ni es sinónimo de que triunfes. No todas las canteras son gallinas que ponen huevos de oro. Hay que ganárselo con constancia y estando en el momento adecuado. Con constancia tendrá su sitio porque el técnico sabe reconocer el trabajo bien hecho y la calidad, pero sin forzar. El portugués se comporta como un director de cine que sabe que cada partido genera múltiples finales a su película. Con la presencia de nuevos personajes en la trama o con la ayuda de actores de reparto convertidos en protagonistas, el final debe ser el mismo: una foto de familia rodeados de todos los títulos ganados.
Puedes leer más en Palco Deportivo

 

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