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La difícil pasarela Cibeles

27 febrero 2010

Se busca técnico para trabajo temporal en gran empresa de renombre mundial. Se necesita especialista en recursos humanos capaz de dirigir el trabajo de una plantilla de entre 20 y 30 trabajadores. Las tareas a desarrollar consisten en la elaboración del plan estratégico de la compañía para la consecución de los objetivos establecidos. Trabajará conjuntamente con el Director Adjunto al Presidente y con el Director Deportivo para comprobar el estado de los objetivos, así como el análisis y evolución de los resultados, tomando las medidas oportunas para encauzar las posibles desviaciones. Se precisa de gran motivación, experiencia en puesto similar y de excelentes resultados en anteriores empresas. Capacidad de liderazgo, carácter autoritario, grandes dosis de disciplina y paciencia para asumir críticas desmesuradas. Es una magnífica oportunidad para crecer profesionalmente en un entorno que le podrá llevar a desfilar en la pasarela Cibeles a final de campaña ante un público bastante ambicioso.

¿Parece atractiva la oferta, verdad? No se confundan porque hay truco en esta ficticia propuesta del Real Madrid en busca de un nuevo entrenador. Si alguien cree que cumple los requisitos debe tener presente que a pesar de prometérsele varios años de contrato, realmente se trata de un trabajo temporal que, salvo que lo haga excesivamente bien, y eso nunca ocurre, durará un máximo de 9 meses. Para ello tan sólo hay que echar un vistazo a la última década blanca. El único entrenador que ha ocupado banquillo más de una temporada en estos diez años ha sido nuestro actual seleccionador, Vicente del Bosque. Dirigió a los blancos las cuatro temporadas comprendidas entre 1999 y 2003, obteniendo los mejores resultados que se recuerdan. Gracias a él y a las victorias conseguidas ante Manchester, Bayern y Valencia pudieron levantar la octava Copa de Europa. Título que revalidaron dos años después. A estas dos Champions  (2000,2002) hay que añadir dos Ligas ( 2001, 2003), una Supercopa de Europa (2002), Intercontinental ( 2002)  y dos Supercopas de España (2001,2003). A nivel individual, el vestuario se nutrió de Balones de Oro, pichichis y jugadores presentes en cualquier once de gala como Figo, Zidane o  Ronaldo.

Pero todo lo que comienza tiene un final y, como cualquier relación, la de Florentino con Vicente se acabó. Los motivos de la rescisión de su contrato parecían puramente deportivos. La falta de innovación, el empleo de métodos anticuados o el conceder excesivo poder en el vestuario a algunos jugadores como Fernando Hierro, que se marchó del club a la par que Del Bosque, hicieron que se produjera el fin de una gloriosa etapa blanca que es recordada por el gran juego del que disfrutamos y por no haberse repetido semejantes resultados en años posteriores.

Parece irónico que se le cerraran las puertas del club a un técnico que había aportado tanto para traer de fuera innovación, aires frescos y una nueva oleada de títulos que fueran capaz de cerrar ese ciclo arcaico del que tanto renegaba Florentino. Pero lo prometido nunca llegó. Primero vino Queiroz para hacer un lavado de cara al banquillo pero sólo consiguió que cayeran eliminados en cuartos en la Champions ante el Mónaco y quedaran cuartos en la liga tras acumular la peor racha de derrotas que se recuerda del club blanco, cinco en los cinco últimos partidos. Sólo pudieron defender la Supercopa de España gracias a la herencia que había dejado su predecesor en el cargo. La marcha del portugués, tras una temporada insulsa y nada renovadora, y el intento fallido de Florentino por el acelerado cambio de imagen hizo que se abriera la caja de pandora: hasta tres técnicos pasaron por el club merengue en la temporada 2004/2005. En el caso de Jose Antonio Camacho su puesto duró apenas unos días. Se revivió la misma situación frustrada del 98 cuando rescindió el contrato por no poder contar con su cuerpo técnico. Ahora el motivo fueron los malos resultados que arrastraba el equipo. El sucesor elegido fue el gato de Odessa, Mariano G. Remón, que para muchos era la versión barata de Vicente Del Bosque y no porque llevaran el mismo bigote. Este entrenador no tuvo capacidad de tomar decisiones pues sólo hacía de puente hasta la llegada de un verdadero técnico que revolucionara el banquillo. Esta vez, contaron con el brasileño Vanderlei Luxemburgo para embellecer el juego del Real Madrid, ganar con mayor facilidad a la par que pretendía ilusionar a la plantilla y a la afición según anunciaba Sacchi. El resultado pueden imaginárselo.

Temporada tras temporada no se cumplían los objetivos. El Madrid entristecía, el juego era penoso y la afición se enfurecía. La segunda mitad de la década comenzó con el mandato de un casero López Caro que sólo se preocupó del estado físico de unos jugadores rotos. Al año siguiente se tiró de agenda y de pasado para volver a traer a Capello, quien volvió a darle a los blancos una liga que sabía a poco en la temporada 2006/2007. Tampoco se le premió con la continuidad y prefieron llamar al polémico Schuster que tuvo algo más de continuidad tras obtener para las vitrinas una nueva liga en el 2007/2008. Pero su exceso de sinceridad al dar por hecho una derrota ante el eterno rival, las pocas ganas de luchar y los frecuentes enfrentamientos entre directiva y prensa, hicieron que se pensara en Juande Ramos para renovarle del cargo.  Con su llegada comenzó a verse la luz al final del túnel gracias a diez victorias consecutivas.  Este Madrid se comparaba al de los grandes éxitos del recién fallecido Molowny. A pesar del gran papel desempeñado, no tuvo tiempo a deshacer sus maletas cuando ya se conocía el nombre de su sustituto y que venía acompañado del retorno del Florentino más ambicioso. El actual técnico, Manuel Pellegrini, llegó como sus anteriores compañeros para devolver la gloria al club, llenar sus vitrinas de títulos y engrandecer más a un equipo que en la última década ha destacado por la pasarela de entrenadores que han posado para la foto de recuerdo, pero de los que  pocos de ellos han desfilado por la Cibeles como lo supo hacer en su momento Vicente Del Bosque.

Diez años, diez entrenadores. Ausencia de títulos, de buen juego y sin innovación. El club sigue buscando lo que ya había encontrado y funcionaba. Quizás el secreto pase por confiar más en los técnicos que ficha y darles una continuidad que le vendría muy bien de cara a formar un bloque conjuntado y que piense por y para el equipo. De momento, todo apunta a que a final de temporada viviremos un nuevo casting de entrenadores que desfilan por esta pasarela tan complicada que es la del Real Madrid. El chileno no acabará contrato aunque siga obteniendo buenos resultados. Ha sido demasiado cuestionado y sigue sin encajar en el rompecabezas de Florentino quien no cesará hasta que encuentre la pieza que le falta: alguien que consiga títulos a final de temporada con un juego que guste a la afición, a la prensa y a los propios jugadores. Hasta entonces nos toca presenciar  la procesión de místers que cada año fracasa en pocos meses. Quizás es lo que nos toque vivir hasta que Raúl vuelva a ser líder del banquillo pero como técnico. El inconveniente es que Guardiola sólo hay uno y no puede repetirse.

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