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Raúl y nadie más

17 abril 2011

En alguna ocasión me he preguntado por qué me gusta el fútbol. Cuando eres un crío se escapan pinceladas de este deporte que, con la experiencia y el paso de los años, vas aprendiendo. Sin embargo, el principal causante de esta adicción irreversible, el sentimiento, cala hondo para permanecer perenne hasta nuestro ocaso.

Recuerdo con especial cariño cómo en mi casa se hablaba, entre otros, de la lucha incansable de Archie Gemmill y su importancia para ayudar al Nottingham Forest a llegar a la final de la Copa de Europa, la brillante maestría del “bailarín de papel” Matthias Sindelar y su extraño fallecimiento, la Italia de Bearzot recuperando el prestigio equiparable al de la era Pozzo o la vivencia de Alan Hansen en las tragedias de Heysel y Hillsborough. No eran familiares para mí, pero sus historias despertaron la curiosidad por este deporte.

Por aquel entonces en España había un prestigioso jugador cuyo apodo daba nombre a la Quinta más famosa, la del Buitre. Una promoción de futbolistas caracterizados por el fútbol ofensivo y cierto caos defensivo que les llevaba a encajar holgadas derrotas europeas. La remontada era la hazaña épica más repetida. Muchos recordarán la protagonizada ante el Borussia Monchengladbach cuando tuvo que anotar cuatro goles en el Bernabéu tras el 5-1 en la ida. Sí, lo consiguieron salvándose gracias al valor extra de los goles visitantes.

Durante años, Emilio Butragueño había sido estandarte de una generación que asociaría la palabra fútbol con las jugadas, goles y asistencias del “caballero de la cancha”. Más allá de colores o equipos estaba la admiración y el reconocimiento personal. Sentía envidia por no poder saborear ese encandilamiento que provocaba entre sus seguidores. El relevo fue necesario cuando los reflejos no eran suficientes para seguir comandando el buque insignia. LLegaba el momento de buscar un sustituto. El testigo fue entregado gracias a la presencia de Valdano quien, tras arrebatar un par del ligas al Real Madrid cuando entrenaba al Tenerife, quiso compensar lo privado. Cuando Jorge pronunció su conocida frase: “Algún día devolveré al Madrid lo que le he quitado”, no era consciente de que el mejor regalo que realizaría al club sería el de la confianza en Raúl González Blanco.

Tuve suerte y pude seguir su carrera desde sus inicios, cuando Jesús Gil lo paseaba por los programas presumiendo de promesa prometedora. Poco tiempo tardaría en cambiar la camiseta tras el cierre de la cantera rojiblanca. Raúl emigró al Bernabéu y las buenas vibraciones en los amistosos en Oviedo y Kaiserslautern le proporcionaron la convocatoria para debutar contra el Zaragoza. Sería titular, sí, para dejar en el banquillo al mismísimo Buitre. En palabras de Julio César: “veni, vidi, vici”. Sin embargo, aunque supo moverse, asistir a Zamorano en su gol, regatear a Cedrún y demostrar su ímpetu desde el inicio, la derrota supuso críticas hacia el joven valor que no tambalearon la confianza del técnico argentino, sino que la afianzaron. De ahí, que en su segundo partido oficial y ante su ex, el Atlético de Madrid, volviese a la titularidad. La respuesta de Raúl fue contundente sobre el campo. El relevo generacional se había completado con éxito y el 7 blanco comenzaba a escribir a fuego lento su interminable historia con el balón.

Con esfuerzo, trabajo duro y constancia fue sobresaliendo. Primero en el Real Madrid y luego a nivel internacional en sus actuaciones europeas y con la selección. Pero había algo que chocaba. No encajaba dentro del perfil del superhéroe del fútbol. Cuando analizabas su juego, en sus actuaciones no podías destacar un disparo excelente, ni su potencia o rapidez, tampoco su envergadura física. No despuntaba realmente por nada, salvo por su inteligencia, picardía, saber estar y astucia. Virtudes que le llevaron a enfrentar continuamente a sus detractores con sus fieles seguidores. Cualquier bache en el camino era aprovechado para arremeter contra él y cuestionar su valía.

Nunca se puso límites cuando lideraba el Real Madrid. Ejercía de cabeza pensante dentro y fuera del vestuario situándose a un nivel diferente al del entrenador. Era el hermano mayor de todos sus compañeros, pero también el padre, hijo y primo. Un multiusos que, como tal, realizaba el trabajo sucio cuando el resto no funcionaba bien, metiéndose en las más profundas cañerías para desatascar. Un ejercicio invisible a primera vista pero brillante en la oscuridad. Raúl siempre ha sido cuestionado. Nunca ha hecho nada, sus goles eran gracias a la suerte y los títulos circunstanciales. Sus registros no existían. Con 29 años estaba acabado y debía dedicarse a partidos de veteranos. Debía dejar su puesto en la selección y en el Real Madrid. Había que relevar al juguete roto. Su ciclo en el equipo que le vio crecer como jugador había terminado y su futuro pasaba por hacer las maletas hacia Alemania, la decisión más acertada de su carrera. El que estaba acabado aterrizó en un nuevo país, debía hacerse a un nuevo club repleto de caras nuevas. Otra vida y a empezar de cero. Pocos apostaban por el muerto. Sin embargo, ha demostrado que sigue vivo y que le queda mucha tinta para continuar su biografía. Ha vuelto a ser el líder de su equipo, se ha ganado la titularidad y la afición le aclama. Sigue marcando goles decisivos y siendo pieza indiscutible tanto en la Bundesliga, Copa y Champions.

Fuera de nuestras fronteras lo vintage se revaloriza, al contrario de lo que ocurre en nuestro país. A cierta edad eres un lastre. Sólo hay que dar un paseo por las principales ligas europeas para comprender que futbolistas bien entrados en la treintena aportan experiencia y seguridad en sus plantillas y selecciones como insignes baluartes. En España hace tiempo que Raúl fue apartado, era la piedra en el zapato que incomoda y no permite caminar. Por contra, sigue siendo el referente en las comparativas. LLega a anteponerse la superación de un récord suyo a la alegría por una nueva victoria nacional, cuando no se puede equiparar jugadores antagónicos. El mano a mano entre Villa y Raúl lleva demasiado tiempo presente y no beneficia a ninguno. El ex-madridista vivió en pleno apogeo de la época plateada de nuestro fútbol, en esa en la que aspirábamos a todo pero nuestro juego bonito no servía para hacer frente a las grandes campeonas. El elenco de jugadores, la forma de juego y el tipo de fútbol eran diferentes. Incluso las posiciones. Raúl no era un delantero, jugaba retrasado dando pases para que otros compañeros, como Morientes, anotaran. Pero él marcaba esos goles fáciles que sólo los transforman los que tienen olfato y sed de gol.

Comenzaba este texto hablando sobre por qué me gusta el fútbol. Aunque no faltan los motivos, hay uno que destaca por encima de los demás. La razón no es otra que la capacidad que han tenido determinados jugadores de introducir por mis venas un veneno que genera adicción por este deporte. Futbolistas que definen la capacidad de superación, de liderazgo, de lucha incansable e insaciable. El espíritu de superación llevado al extremo. Seguirán surgiendo nuevos Zidanes, Ronaldos, Maradonas, Di Stefanos y Raules. Para mí siempre será él. El que es capaz de postrar a sus pies a una afición y de rodillas a sus compañeros. El que cuando ya está acabado sigue marcando y asistiendo en un partido decisivo de Champions para despedir al vigente campeón. Para muchos, “El siete” siempre será el que nunca hace nada.

From → Fútbol, Real Madrid, UCL

2 comentarios
  1. Samuel permalink

    Muy bueno Montse ;) me ha gustado mucho.

  2. Hola! He llegado a tu blog de casualidad y me ha impresionado gratamente. Luego leyendo tu curriculum de blogger me he llevado una sorpresa mayor. Me pongo en contacto contigo por si te interesaría ser parte de una nueva iniciativa que vamos a poner en marcha. Somos jóvenes, atrevidos y nos encanta el fútbol, como a tí. Tu experiencia nos vendría genial y tu punto de vista sería lo que buscamos para tener una visión más variada del fútbol. Vamos a iniciar un nuevo programa de radio digital que esperamos se haga el hueco en los hábitos de escucha de muchos españoles e hispanohablantes. Incorporado dentro de la parrilla de Radioged vamos a iniciar una pronta andadura. Buscamos colaboradores especialistas en League 1 de Francia, Bundesliga, Calcio y jóvenes promesas. Si estás interesado escribenos a marc_calduch@hotmail.com o davidfpascual@gmail.com.
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