[Artículo para nºVI de Lineker Magazine]
Por lo general, cuando nos niegan algo es cuando lo deseamos con más fuerza. Sin duda, es lo que debió sucederle a Vivian Woodward cuando su padre se opuso a que jugara al fútbol. Lo detestaba. Sin embargo, aquel odio que profesaba su progenitor no hizo más que afianzar su adoración por ese deporte que los ingleses habían inventado años atrás. Para entenderlo hay que situarse en el contexto de una familia de clase alta con ocho hijos de la que Vivian era el séptimo. Acudió a la escuela privada Ascham College en la que mostró sus buenas dotes para el deporte. El cricket y el tenis eran los que su padre consideraba aptos para su práctica. Las cualidades físicas, su velocidad y habilidad con el balón le convirtieron en la estrella del equipo de la Universidad. A John Woodward no le quedó más remedio que dar el visto bueno ante el interés popular que despertaba pero hizo algo más que eso. Se convirtió en el vicepresidente del club por el que había fichado su hijo a los 16 años, el Clacton Town de la North Essex League de la primera división.
Aún así, para Viv el fútbol no era el motor principal de su vida ya que era un caballero que ostentaba una posición económica desahogada y su verdadera profesión, la de arquitecto, le proporcionaba mayores ingresos de los que hubiera obtenido como futbolista. Su condición de aficionado le permitía simultanear las selecciones absolutas y amateur, con las que obtuvo reconocimiento mundial. Ejercía de delantero centro y de interior derecho. Poseía todas las cualidades que se le pueden exigir a un futbolista de su talla. La inteligencia, su mejor arma, era su fiel compañera cada vez que debía conducir el balón ante sus rivales. Prácticamente era imparable y prueba de ello son los 57 goles que anotó como amateur en 44 partidos – 29 tantos en 23 encuentros con la absoluta-, generando un promedio que rondaba los 1,26 goles. Una cifra que hoy día aún no ha podido superarse y que lo posiciona entre los diez máximos goleadores de la selección inglesa. De hecho, hasta los años cincuenta fue el máximo anotador hasta que fue superado por Tom Finney y Nat Lofthouse.
Su éxito en el fútbol estuvo ligado a la selección amateur que participó en los Juegos Olímpicos de Londres en 1908 y los de Estocolmo en 1912 donde obtuvo las medallas de oro ejerciendo de capitán. Su condición de líder de aquel plantel de jugadores puso fin a una trayectoria de 22 partidos como tal del mítico defensa derecho Robert Crompton.
A la edad de 29 años alcanzó la cima del éxito gracias a los 21 goles anotados con la selección. Gran Bretaña acudía a los Juegos de Londres con clara superioridad sobre el resto debido a que llevaban casi medio siglo celebrando campeonatos nacionales mientras el resto aún estaba descubriendo el fútbol. Como era de esperar, los resultados ante sus rivales fueron contundentes: doce goles a Suecia, cuatro a Holanda en Semifinales y dos a Dinamarca en la final. Viv Woodward ya se había adjudicado el cártel de leyenda por su trayectoria en el Tottenham (1901-1909), equipo que abandonaría en 1909 tras conseguir el ansiado ascenso.
En ese instante decidió que había llegado el momento de colgar las botas. Aquella idea solo duró unos meses en su cabeza puesto que fichó por el Chelsea (1909-1915) porque Stamford Bridge estaba más cerca de su casa. Como Blue acudió a los Juegos de Estocolmo para hacerse con el segundo oro de su carrera. Aunque en 1911 había puesto fin a sus años como internacional absoluto (1903-1911), continuó siendo el capitán de la amateur. Con la Primera Guerra Mundial sus días como futbolista llegaron a su fin ya que cuando ésta finalizó Woodward estaba cerca de cumplir cuarenta años. Nadie como él supo compaginar profesionalismo con afición sin cobrar una sola libra, ni siquiera los gastos de los viajes, por hacer algo que amaba. Ese entusiasmo y mente fría le ayudaron a convertirse en el mejor jugador inglés anterior a la Gran Guerra.
En el número 6 de Lineker Magazine he escrito sobre Vivian Woodward, el arquitecto goleador. Puedes descargarte la revista aquí:
Se va Míchel. Se va por la puerta de atrás un entrenador contratado hace menos de un año tras destituir a su predecesor por la misma razón que a él: los resultados. Se va Michel y atrás quedan las palabras de José María del Nido en su presentación: “Para todos los sevillistas, hoy, Míchel es el mejor del mundo y por eso le vamos a apoyar para que gane los dieciséis partidos que quedan. Cuando no se obtienen resultados positivos el máximo dirigente está preocupado. Pensamos que hay plantel para conseguir los objetivos, para eso hemos traído a Míchel”. Los objetivos nunca se cumplieron, el Sevilla no se clasificó para viajar por Europa y tocaba un verano de reflexión para poner a punto un proyecto que debería devolver al club el brillo de los últimos años. El técnico tenía ante sí la oportunidad de consolidarse como entrenador y ganarse el respaldo de los que siempre han cuestionado sus dotes técnicas para dirigir un equipo.
Míchel recogía el testigo que Marcelino le dejaba. Una plantilla descontrolada a la que había que domar para exprimir su jugo. Nada más llegar apeló a su autoridad dejando fuera de la convocatoria ante la Real Sociedad a Spahic y Medel por una pelea durante el entrenamiento. Disciplina, esfuerzo e implicación eran algunas de las consignas que había que pulir en la plantilla para ir recuperando una identidad que se había esfumado de mano en mano a través de los últimos responsables. Se despidió a Manolo Jiménez porque la grada del Ramón Sánchez Pizjuán y la directiva no le querían. Sin embargo, dejaba al equipo preparado para disputar la final de la Copa del Rey, título que conseguiría Antonio Álvarez así como la clasificación in extremis para la Champions en el último partido de Liga ante el Almería. Desde aquel momento la letra M se convertiría en maldita para los sevillistas. Manzano, Marcelino y Míchel no han conseguido sacar al equipo de la espiral destructiva en la que han entrado sino que la caída podría llevar a suplicar por la permanencia.
Desde el primer momento, Míchel tuvo que lidiar con un sector de la afición que nunca le quiso. Quizás su pasado madridista o la falta de confianza en sus aptitudes le condenaron. Aún así, el inicio de curso daba pie al optimismo pero una habitual compañera de viaje hizo acto de presencia para mermar la consolidación del reto. La lesión de Trochowski de larga duración tambaleaba los cimientos de los esquemas del madrileño, que había conseguido encontrar equilibrio en el centro del campo por el trío formado por el ex del Hamburgo, Rakitic y Medel. Desde entonces, en Liga, se han obtenido los mismos puntos que con él en el campo -11 puntos- pero en el doble de encuentros, 6 partidos vs 13 partidos. Posiblemente, el haber ganado de manera tan contundente al Betis en el derbi sevillano, la victoria ante el Real Madrid en Liga y la clasificación en Copa del Rey han alargado la agonía de Míchel para que el Sevilla evitase hacer un gasto extra en una debilitada economía con su destitución.
La derrota ante el Valencia y la escasez de alternativas para paliar esta situación han colmado la paciencia de la directiva sevillista que ha decidido prescindir de sus servicios en favor de los de otro técnico que devuelva la ilusión al sevillismo. Siempre se dice que cuando un equipo atraviesa una racha tan negativa lo cómodo es cortar la cabeza a uno en lugar de a veinticinco. Es la solución fácil y la más rápida aunque no siempre la que cicatrice las heridas. Lo que le sucede al Sevilla no solo es consecuencia de la posible incapacidad de una persona, sino que se debe a diversos causantes que van desde la salida de piezas vitales difíciles de reemplazar, como Kanouté, la falta de continuidad de determinados jugadores como consecuencia de lesiones ( Rakitic, Trochowski, Perotti,…), la llegada de salvadores que viven de las rentas de un pasado del que ya son un mero espejismo, como es el caso de Reyes, el bajo rendimiento de las adquisiciones mas recientes ( Manu del Moral, Babá, Coke), la falta de implicación con la casa (Campaña) y la inexistencia de un bloque único que reme en el mismo sentido en lugar de mirar por los intereses personales.
El actual Sevilla se compone de remiendos cuyas costuras deben fortalecerse con trabajo duro, esfuerzo, implicación, auto-exigencia y capacidad de autocrítica. Unai Emery ha sido contratado para reemplazar a Míchel y ocupar el banquillo hasta junio de 2014. Seguramente, lo primero que trate de mejorar sea la psicología de la plantilla para devolverles la confianza, la casta y el coraje que eran seña de identidad del club en un pasado reciente. Sobre el terreno, encontrará infinidad de detalles que pulir hasta demostrar que el Sevilla tiene jugadores aptos para jugar a algo llamado fútbol y que atrás quedan las apatías o la impasibilidad ante los malos resultados. Atrás debe quedar los rompecabezas de sus predecesores para encontrar un lateral derecho (Konko, Sergio Sánchez, Martín Cáceres, Coke, Cicinho) que esté a la altura de la dupla que formaban Navas y Alves. La creatividad debe volver al centro del campo una vez encontrada la calma gracias a las incansables labores defensivas de Medel, la buena adaptación de Maduro, la capacidad de crecimiento y versatilidad de Kondogbia y la capacidad de mejoría de Rakitic para rendir como en su primer semestre en el Sevilla. Negredo debe dejar de estar huérfano y encontrar un compañero que ejerza de enganche con el centro del campo para que pueda recibir esos balones que debe transformar en goles. Rabello y Stevanovic deben revolucionar los partidos atascados para hacer creer a la afición hasta el último suspiro. La defensa debe corregir errores infantiles para no caer dos veces en la misma piedra o al menos no hacerlo de manera consecutiva en un mismo partido ( ante el Valencia los dos goles encajados tuvieron un factor común: remate de Soldado tras un córner). Sin duda, si hay un aspecto que corregir con urgencia es la precisión de los centros, disparos, asistencias y pases. Será la única forma de reencontrarse con la efectividad que echan en falta tanto los llamados a golear desde primera línea como los que complementan desde la segunda.
Para el especial de Navidad de Lineker Magazine he escrito sobre el año del descenso del Newcastle United. Puedes descargarte la revista aquí: Revista Lineker.
El Real Madrid se enfrenta al Ajax de Amsterdam en una nueva jornada de la Liga de Campeones. Se trata del cruce de dos viejos conocidos que vuelven a encontrarse en el camino. Mientras que el conjunto blanco ha mantenido el nivel a lo largo de los años, salvo pequeños altibajos, los holandeses se alejan de aquel majestuoso equipo que maravilló a Europa en los años noventa. Se trataba de un bloque joven formado por canteranos y fichajes adecuados. Tan solo el ex centrocampista del Milan Frank Rijkaard y el capitán Danny Blind pasaban de los 25 años. Algo similar a lo que sucede hoy día en que salvo el ex sevillista Poulsen (32 años), Jassen (31 años) y Moisander (27 años) ninguno de la plantilla supera el cuarto de siglo. No se trata del único nexo de unión entre ambas generaciones, gracias a la familia Blind el presente y el pasado del Ajax se unen para mirar al futuro ya que el hijo de Danny Blind se ha hecho con el lateral izquierdo tratando de afianzarse en el equipo que entrena Frank de Boer y que suman con él quince canteranos en el vestuario.
Su progenitor fue partícipe de una de las épocas más gloriosas del Ajax. Su artífice fue Van Gaal, un maestro de escuela que llegó al club en 1987 como entrenador de juveniles y fue ascendiendo hasta llegar al tope para formar un prometedor bloque integrado por los hermanos De Boer, Kluivert, Davids, Reiziger, Seedorf, Bogarde, Finidi y Kanu y Litmanen. La esencia del juego era el toque rápido, movimiento sin exageraciones y la posesión. Sobre todo esta última era la clave para el técnico holandés que les inculcaba la necesidad de tocar y mantener el balón para cansar al contrario y buscar el espacio por el que acuchillar sin piedad. A Louis no le temblaba la mano cuando debía prescindir de un jugador que no había hecho una buena actuación. Le sucedió a Stanley Menzo tras su error en la final de la Copa de la UEFA en 1993, por lo que tuvo que ceder su puesto a Van der Sar, y a Bryan Roy que fue vendido al Foggia para ser reemplazado por Marc Overmars.
Cuando Danny Blind alzó la Copa de Europa en Viena, Van Gaal ya sabía que el equipo tenía las horas contadas puesto que diversos clubes italianos habían comenzado a tantear a sus jugadores. Aquel título supuso, además, la reivindicación de uno de las pocas entidades que se nutrían de la sangre nacional en un año en que la Ley Bosman revolucionaría el mercado de fichajes internacionales. Se había abierto la veda para que cualquier entidad desnudara al Ajax de sus principales piezas a coste cero mientras hubieran finalizado sus contratos.
Aún así, dio tiempo para que la temporada 95-96 el Ajax ganara el campeonato holandés por tercer año consecutivo y llegara a la final de la Copa de Europa previa remontada en Semifinales en Atenas ante el Panathinaikos. La Juventus, de la familia Agnelli, se impuso 4-2 en los penaltis después de que Ravanelli, para los italianos, y Litmanen, para los holandeses, hubieran conseguido el 1-1. La clave estuvo en las dos paradas del portero Angelo Peruzzi a Davids y Silooy. Se iniciaba de esta forma el fin del Ajax que se vería confirmado tras el fichaje de Seedorf a la Sampdoria, Kluivert, Reiziger y Davids al Milan que concluiría con la apuesta de Van Gaal por el FC Barcelona llevándose con él a parte de su tropa: los De Boer, Reiziger, Kluivert, Bogarde, Litmanen…
No todos huyeron, algunos decidieron quedarse en el Ajax hasta su retiro. Es el caso de Danny Blind que tras llegar al equipo en 1986 no se despidió hasta el día en que colgó sus botas tras cinco Ligas, cuatro Copas, 3 Supercopas, 1 Copa de la UEFA y 1 Liga de Campeones, entre otros trofeos. Posteriormente, obtendría como entrenador la Copa y Supercopa de Holanda. Su pasión por ese escudo ha sabido inculcársela a su hijo, Daley Blind, quien ha ido avanzando a través de las categorías inferiores para hacerse un hueco en el primer equipo que entrena Frank de Boer.
A sus 22 años, este lateral izquierdo ha tenido que esquivar el cartel de ‘hijo de’ para demostrar su valía por sí mismo. Consciente de que aún está en pleno proceso de formación y que le queda un mundo por delante hasta ser decisivo en la zaga, poco a poco va ganándose la titularidad mientras acumula experiencia tras cada partido. Sabe jugar y cómo aportar su talento sin tener miedo a disputar el balón. En su mente está, al igual que hizo su padre, perfeccionar el aspecto ofensivo de su posición para conseguir anotar. Se prevé que su futuro continúe ligado al del Ajax puesto que aunque su contrato finaliza en 2013, el club ha declarado que tiene intención de sentarse en diciembre a negociar su renovación. Quizás Daley llegue a convertirse en una de las piezas claves del Ajax del siglo XXI que recupere los éxitos que cosechó su padre. El primer paso para lograrlo sería ganando al Real Madrid en Champions para romper un maleficio que les ha acompañado durante las dos últimas temporadas.
En tiempos en los que el mestizaje en las ligas es habitual y conviven en las plantillas jugadores de las más diversas procedencias resulta complicado ponerse en la situación de Raby Howell, el primer futbolista de raza gitana que jugó en la Liga Inglesa en elLiverpool y Sheffield United. Cuando el fútbol aún estaba estrenándose y las normas escribiéndose, el 12 de octubre de 1867 nacía en Wincobank en el seno de una familia romaní que se dedicaba a vender ollas y sartenes. Posiblemente, Robert era el nombre que escogieron sus padres para él pero un error ortográfico hizo que figurase como Raby.

Desde pequeño demostró su pasión por el fútbol en Ecclesfield y Rotherham(Rotherham Swifts) ajeno al futuro que le esperaba. A principios de 1890 ya jugaba en la Segunda División a cambio de diez libras semanales de salario. Comenzó como delantero pero poco a poco fueron retrasando su posición al centro del campo escorado a la banda, haciendo suyo ese lado cada vez con más frecuencia hasta finalizar como lateral derecho. Corría el año 1892, vestía la camiseta del Sheffield United y el club se había unido a la Liga de Fútbol. Su corta estatura, 1’65 metros, no fue un impedimento para ejercer de jugador muy hábil y con capacidad para llevarse el balón en cada disputa con sus rivales, quienes le tenían miedo por ser tan duro como una roca. A pesar de su rapidez y agilidad, todo su empeño por destacar quedaba en nada por su decepcionante remate. Quizás por este motivo pecaba de ser poco pasador y de mantener en exceso la posesión de la pelota en su poder, para tratar de finalizar con éxito alguna de las jugadas que él mismo iniciaba.
Uno de sus mayores éxitos fue lograr el ascenso con los Blades y conseguir el título de Liga en la temporada 1897-98. Había llegado el momento de salir del club para aterrizar en el Liverpool. Los motivos de su marcha aún no se han aclarado al estar envueltos por la polémica. En su trayectoria en el Sheffield United fueron muchos los actos indisciplinarios y las sanciones que le cayeron. La gota que colmó el vaso fue en un partido en la que era la casa del Sunderland entonces, Newcastle Road, en el que por su culpa su equipo encajó dos goles cuando estaba pugnando por el título liguero. Perdieron 3-1 en un encuentro vital y gran parte de culpa fueron las dos acciones de Howell. La afición no se lo perdonó puesto que consideraban que un futbolista con la experiencia y habilidad suya no comete dos errores del mismo calibre en un choque tan decisivo como el que estaban disputando. Dudaron de él y pensaron que estaba envuelto en algún tipo de chantaje o sabotaje por lo que no fue convocado en los dos siguientes partidos. Su regreso ante el West Bromwich Albion siguió en la misma línea y volvieron a perder 2-0. Sin embargo, el campeonato fue suyo terminando la temporada con 42 puntos, por delante de Sunderland ( a tres puntos) y de Wolverhampton Wanderers, terceros a siete puntos. La solución fue su venta al Liverpool en la primavera de 1898 a cambio de 200 libras.

Su debut como Red tuvo lugar ante el Aston Villa en el último encuentro de la temporada con victoria contundente con cuatro goles a favor. Al año siguiente el equipo lograría el subcampeonato y Howell sería pieza clave participando en más de treinta partidos. Con el paso de los meses, fue perdiendo protagonismo por lo que cuando el Liverpool consiguió su primer título en 1901 estaba relegado al banquillo y pensando en su futuro fuera del club. Aquel verano fichó por el Preston North End, en el que estaría hasta que una lesión en 1903 le apartaría definitivamente de los terrenos de juego al fracturarse su pierna. No quiso seguir ligado al fútbol una vez que colgó las botas de manera obligada, cambió el balón por una tienda de frutas y verduras de su propiedad que hacía entregas locales en carro de caballos.
Sobre su vida personal se conoce el nombre de sus dos esposas: Selina Smith y Ada. Según el censo de 1911 tuvo diez hijos en total, de los que cinco perdieron la vida por diferentes causas durante su infancia. No existen datos sobre la fecha exacta de su muerte pero se conoce que en la Navidad de 1936 Raby Howell ya había perdido por completo su visión y todo apunta a que falleció el 21 de julio de 1937 a los 69 años. No moría un jugador más, sino el primer futbolista de raza gitana que militó en la liga inglesa y que, además, pudo jugar en dos ocasiones representando Inglaterra. La primera fue en la goleada, 9-0, ante Irlanda en marzo de 1985 en la que incluso anotó el quinto gol del partido en el minuto 36 en el Derby County Ground. La segunda tendría lugar en Villa Park de Birmingham en abril de 1899 ante Escocia.











